Doña Mirta se vistió sobria, de riguroso negro. Collar al cuello, tapabocas a tono con el vestido, se paró frente a su caja de sorteos y rifó la justicia. Lo hizo ya tantas veces anteriormente que habrá pensado que valía la pena estar elegante frente a la cámara. Con satisfacción habrá calculado que le iba tomando la mano, al final de cuentas a su lado el actuario judicial Bernardo Mongelós parecía que nada veía mientras registraba el resultado de los “sorteos al azar”. Quien filmaba tampoco nada veía. ¡Un éxito cinematográfico!
Se inclinó levemente hacia uno de sus costados y con la mano izquierda buscó sobre el escritorio el papelito que debía salir sorteado; paralelamente simuló meter la mano derecha en su valiosa caja, la volvió a sacar y con un rápido movimiento el papel cambió de manos y lo leyó triunfal mientras se acomodaba el tapabocas: Luis Denilson Sánchez Garcete (intendente de Capitán Bado) contra José Carlos Acevedo (intendente de Pedro Juan Caballero) sobre calumnia y difamación iban a tener de juez a Luis Alberto Benítez Noguera.
El sorteo no había sido al azar. No había sido a ciegas. El resultado estaba cantado de antemano, de mucho antes, guiado y planificado por alguien que seguramente mucho ofreció para sodomizar a la justicia; Astrea en Paraguay es ciega, sorda, muda y gana mucho dinero.
Habilidosas manos, unos segundos y el movimiento casi imperceptible catapultan a doña Mirta como una habilidosa maga con un solo pero: no saca palomas, conejos o cintas coloridas. De su galera sale la misma cloaca que se huele en todo el país; grandes adefesios y mamotretos teñidos con el color del poder político o económico que nada tienen que ver ni con la justicia ni con lo justo.
La jueza dijo a los colegas de Telefuturo que las cosas no son lo que parecen ser. “Como pienso que tengo que meter mi mano dentro de la urna y me doy cuenta que tengo que sacar de al lado, entonces eso es lo que hago, ese movimiento parece una maniobra malintencionada, pero no lo es”. Sin embargo, en ese mismo video la abogada hizo exactamente la misma triquiñuela para otros casos lo que confirmaría que sus “sorteos” no son aislados, sino reincidentes. De hecho, el mismo día que apareció el primer video, la gente se encargó de hacer aparecer más filmaciones. Al menos cuatro han cobrado estado público, donde se ven los mismos movimientos, las mismas manos, la misma elegancia, la misma puerqueza.
Tenemos una justicia de morondanga, pero pensándolo bien, le van otros adjetivos que también empiezan con M. Usted pruebe si le calzan, y si le gusta, déjelo. Al final de cuentas es la justicia que padecemos todos cuando nos dicen que tocar los pechos de una joven no es suficiente para una condena. O que robar pomelos es peor que vaciar una municipalidad, una gobernación… O un ministerio.
mabel@abc.com.py



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