La recuperación económica de los últimos años aún no logra traducirse en una mayor formalización del empleo. Paraguay continúa entre los cinco países con mayor nivel de informalidad laboral de América Latina, con cerca de seis de cada diez trabajadores desempeñándose sin acceso pleno a la seguridad social ni a los derechos laborales asociados al empleo formal.
De acuerdo con datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), difundidos por Ratio Paraguay, alrededor del 60% de la población ocupada trabaja en condiciones de informalidad. Esto implica que una parte importante de los trabajadores no cuenta con cobertura jubilatoria, protección frente a accidentes laborales, seguro de desempleo ni otras garantías previstas por la legislación laboral.
La posición de Paraguay dentro del grupo de países con mayor informalidad refleja un problema estructural que trasciende los ciclos económicos. Aunque el país ha registrado avances en materia de crecimiento y estabilidad macroeconómica, la generación de empleo formal continúa siendo insuficiente para absorber a una fuerza laboral que, en muchos casos, encuentra en el trabajo por cuenta propia o en actividades de baja productividad la única alternativa para obtener ingresos.
Las cifras más recientes muestran además que la informalidad afecta con mayor intensidad a determinados sectores de la población. Las zonas rurales presentan los niveles más elevados y los jóvenes que ingresan al mercado laboral también enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos con cobertura social y estabilidad.
El impacto de esta realidad va mucho más allá de la ausencia de un contrato formal. Los trabajadores informales suelen percibir menores ingresos, tienen escaso acceso al crédito, carecen de aportes para la jubilación y enfrentan una mayor vulnerabilidad ante enfermedades, accidentes o períodos de desempleo. Al mismo tiempo, el Estado deja de percibir recursos que podrían destinarse al fortalecimiento de la seguridad social y de los servicios públicos.
La OIT sostiene que reducir la informalidad requiere políticas integrales que combinen crecimiento económico, incentivos para la formalización, fortalecimiento de la protección social y mejoras en la productividad. El desafío también pasa por facilitar la transición de pequeñas unidades productivas y trabajadores independientes hacia esquemas formales, reduciendo las barreras administrativas y los costos que hoy desalientan ese proceso.
Para Paraguay, el reto no consiste únicamente en crear más puestos de trabajo, sino en generar empleos de mayor calidad. Mientras seis de cada diez trabajadores continúen desarrollando sus actividades sin protección social completa, el crecimiento económico seguirá conviviendo con una elevada precariedad laboral, una de las principales limitaciones para mejorar los niveles de bienestar y reducir la desigualdad en el país.
El Nacional



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