Los querulantes
En psiquiatría, el querulante sufre una “compulsión a litigar”. Quien la padece, acude a los tribunales con una frecuencia e insistencia desmesuradas. En el CIE-10, manual de clasificación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, se la incluye dentro de trastornos paranoides, con los siguientes rasgos: una sensibilidad excesiva a los contratiempos y frustraciones, la incapacidad para perdonar agravios, la predisposición a rencores persistentes, y un sentido combativo y tenaz de los propios derechos al margen de la realidad. Oswald Bumke la definía como “una pasión quejosa”. Las pasiones son emociones tenaces y compulsivas, que se adueñan de la conciencia de una persona, haciéndola monotemática. La pasión amorosa es la más conocida, pero no la única. La envidia, la avaricia, el deseo de venganza, el poder, los celos son otros casos bien conocidos. De las pasiones se ocuparon durante siglos la moral y la psiquiatría, en una curiosa mezcla que me ha interesado investigar.



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