Con el 100% de los votos escrutados por el Tribunal Superior Electoral (TSE), Lula obtuvo el 51,7% de los votos, mientras que Bolsonaro recibió el 48,2%.
La diferencia entre ambos fue de aproximadamente 4,3 millones de votos.
Uno de los aspectos más destacados de la victoria de Lula es que logró revertir el resultado de la primera vuelta.
Es la primera vez desde el regreso de la democracia y de las elecciones presidenciales directas en 1989 que un candidato que terminó segundo en la ronda inicial consigue imponerse en el balotaje.
El candidato derechista, Flávio Bolsonaro, aseguró que no reconocería el resultado y que solicitaría la anulación de las elecciones.
Asimismo, denunció un presunto cambio de las "reglas del juego" por parte de Cristiano Zanin, magistrado del Tribunal Supremo nombrado por Lula.
Zanin tomó la decisión de mantener abiertos los colegios electorales hasta las 19:00 tras una jornada marcada por denuncias sobre un reducido número de autobuses en las redes de transporte público de grandes ciudades como Salvador y Sao Paulo.
También hubo quejas de que el transporte interurbano gratuito no estaba siendo habilitado en capitales como Belém, en el estado de Bahía (norte del país).
A raíz de las denuncias de irregularidades en el transporte público, el equipo de campaña de Lula pidió al TSE ampliar el horario de votación.
Durante la tarde, Lula declaró ante la prensa que era necesario hacerlo "para evitar que quienes se vieron perjudicados esta mañana por las presiones de algunos empresarios o alcaldes vuelvan a verse afectados".
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La campaña de Flávio Bolsonaro también pidió al TSE una prórroga de la votación, aunque por motivos distintos.
"Es imposible reconocer los resultados de las elecciones, dadas las circunstancias en las que se desarrollaron los acontecimientos", le dijo Bolsonaro a un grupo de periodistas.
"Es difícil que prospere"
Según la mayoría de los analistas consultados por BBC Brasil, la diferencia de más de 4 millones de votos hace poco probable que prospere su solicitud de anular los comicios.
La petición de Bolsonaro también se ve debilitada por el hecho de que su propio equipo de campaña solicitó una prórroga de la votación debido a las fuertes lluvias que azotaban el sur del país, una región de tendencia conservadora.
Pero algunos temen que la negativa de Bolsonaro a reconocer la derrota podría desencadenar una ola de protestas en Brasil, un país donde la confianza en el sistema electoral y en la independencia judicial se ha debilitado en los últimos años.
El analista Fernando Neisser, abogado y presidente de la Comisión de Estudios de Derecho Político y Electoral del Instituto de Abogados de Sao Paulo (IASP), asegura que todo "dependerá de cómo la campaña de Flávio construya su argumento.
Pero afirma que "desde el punto de vista legal, es difícil que prospere".
Un miembro de la Academia Brasileña de Derecho Electoral y Político (Abradep) que pidió mantener el anonimato debido a su posible participación en un futuro proceso judicial, apunta por su parte que el equipo de campaña de Bolsonaro es muy combativo y, sin duda, intentará llevar el caso a los tribunales.
"Desde el punto de vista legal, existen algunos argumentos que podrían tener cierta base, como el número de votantes que no pudieron votar", afirma.
"Pero dado que la abstención disminuyó entre la primera y la segunda vuelta, este argumento tendrá dificultades para prosperar".
La abstención en la segunda vuelta fue de aproximadamente el 19%, frente al 21% registrado en la primera.





