“Es necesario dar señal claras e inequívocas de que la prioridad es la gente y sus necesidades básicas. Es importante dar pasos concretos, gestos y decisiones que atiendan las carencias más urgentes de la población. Hacer opciones valientes por los que sufren exclusiones sociales que claman reivindicaciones justas para ganar y recuperar tiempo perdido. Las consideraciones de Gobierno no solo deben basarse en números económicos o macroeconómicos que muchas veces ocultan la realidad social de una mayoría todavía carente y fluida, a la que se le niega la educación de calidad, la salud universal y que son precondiciones necesarias para una vida digna”, manifestó el Cardenal.
Se dirigió a todos los líderes políticos y autoridades y pidió no olvidar ni postergar a los pobres; “escuchen y canalicen sus justos reclamos. Les exhortamos a que impulsen y sostengan con firmeza la política social que permitan la formación humana integral sustentable de los sectores más vulnerables, sobre todo los pueblos indígenas, de las familias campesinas, de las familias que viven en los asentamientos”.
En otro momento, pidió que “la corrupción y la impunidad no roben los recursos y las esperanzas de la gente. Es incompatible ser buen cristiano y ser corrupto. El bien común de las Naciones está por encima de los intereses personales y de grupos particulares. El orden justo de la sociedad del Estado es una tarea principal de la política; un Estado que no se siguiera según la justicia, se reduciría a una gran banda de ladrones y así lo dijo una vez San Agustín”.



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