Ocho hombres que vestían uniformes negros con insignias de la policía federal llegaron a la terminal a plena luz del día y robaron la carga valorada en US$30 millones en menos de tres minutos, según un informe de El País. Los ladrones apuntaron con sus armas a dos guardias mientras les ordenaban a otros empleados del aeropuerto subir el oro a las camionetas pintadas como vehículos de la policía.

Inicialmente se informó que uno de los guardias había sido secuestrado el día anterior, junto con seis miembros de su familia, y obligado a divulgar información confidencial sobre el lugar donde se llevaría a cabo el robo. Sin embargo, más tarde el guardia confesó que había participado voluntariamente en el atraco.

Todos los rehenes fueron liberados poco después de la operación. La policía aún no ha encontrado rastros de los responsables ni del oro hurtado.