Senna había liderado el warm-up de la mañana (una sesión que ya no existe en la F1) con solvencia, después de las dudas y el temor que le habían dejado los trágicos acontecimientos de ese finde semana. El viernes, en la jornada de entrenamientos, el también brasileño Rubens Barrichello sufrió un terrible accidente a alta velocidad en la Variante Bassa. El médico de la FIA, Sid Watkins, le salvó la vida, pero nadie pudo hacer nada por evitar la muerte, el sábado, del austriaco Roland Ratzenberger.

Tras decidir correr, la prueba empezó con accidente entre Pedro Lamy y JJ Lehto, lo que provocó la salida del Safety Car, un Opel Vectra más lento que los coches de seguridad modernos, y que incluso llevó a Senna a acercarse mucho por detrás instándole a acelerar. La carrera se relanzó en la vuelta 6, y fue al inicio de la vuelta 7 cuando Ayrton Senna sufrió su accidente mortal, cuando era líder. Hay quien piensa que esas vueltras tras el Opel enfriaron demasiado los neumáticos, lo que podría haber sido clave en el accidente de Senna, y otros consideran que se rompió la columna de dirección de su coche.

Tras el impacto con el muro derecho del circuito de Imola, que arrancó el neumático delantero derecho y el morro del Williams, Senna quedó inmóvil dentro del cockpit. Se movió levemente tras pocos segundos, dejando un halo de falsa esperanza tras el que Senna no volvió a moverse jamás. El neumático delantero había impactado con la parte frontal del casco Bell del piloto, impulsándole hacia atrás contra el reposacabezas, lo que le generó fracturas en el cráneo. Para mal de males, un trozo de la suspensión también le provocó un traumatismo en la cabeza y otra pieza le perforó la visera del casco, sobre el ojo derecho.

Con la carrera neutralizada, el liderato pasaba a manos de Michael Schumacher. Cuando los bomberos llegaron al lugar del accidente, donde había un charco de sangre, tuvieron que esperar a los médicos, y el cuerpo de Senna se retiró en pocos minutos con un gravísimo traumatismo craneoencefálico.

Los médicos aplicaron a Ayrton Senna una traqueotomía de emergencia para facilitar su respiración de manera artificial, mientras en el circuito reinaba el silencio y poco a poco todos comenzaban a temer lo peor. En el libro ‘La vida al límite: triunfo y tragedia en la Fórmula Uno’ Sid Watkins, médico de la FIA que había atendido a Senna, reveló un último suspiro del piloto: «No soy religioso, pero en ese momento sentí que su espíritu se alejaba del cuerpo». Luchando por la vida del héroe brasileño, y tras las medidas impertinentes Watkins pidió un helicóptero médico y ordenó al anestesista de cuidados intensivos que lo llevará al Ospedale Maggiore di Bologna (Hospital Mayor de Bolonia), donde el corazón de Senna, a las 15:10h, diez minutos después de haber llegado, dejó de latir.

Tras conectarle a una máquina de soporte vital el corazón de Senna volvió a latir, pero sobre las 18:37h de la tarde volvió a dejar de hacerlo, esta vez para siempre. A las 18:40h de ese 1 de mayo de 1994 se anunció al mundo que Ayrton Senna, uno de los pilotos más talentosos de todos los tiempos, había muerto.