El pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro sorprendió a propios y a extraños al imponerse a Lula en la primera vuelta con el 47 % de los sufragios. Pero el éxito no se quedó allí: cuatro miembros de su familia consiguieron escaños en el Congreso y su bancada obtuvo la mayor cantidad de plazas de las que estaban en disputa: 30 de los 54 puestos, según un conteo publicado por Metropoles. En contraste, solo 17 de los candidatos apoyados por el actual presidente se alzaron con la victoria.
Asimismo, su madrastra Michelle y su hermano Carlos resultaron electos senadores, al tiempo que su hermano Jair Renan y su tío Renato se hicieron con sendas curules en la Cámara de Diputados, lo que da cuenta de que la familia Bolsonaro ha conseguido extender su presencia en una institución clave como el Legislativo federal.
La consolidación de la red de poder de los Bolsonaro no solo se sustenta en las eventuales alianzas que puede tejer cada miembro del clan por separado, sino en la aproximación a otras fuerzas políticas dentro de la derecha y la ultraderecha brasileñas que comparten, total o parcialmente, la agenda del bolsonarismo. Esta incluye, entre otros asuntos, el conservadurismo religioso, la resistencia a la legalización del aborto, el apoyo a políticas de "mano dura" en materia de seguridad y, acaso especialmente, su oposición al Partido de los Trabajadores y a Lula.
Finalmente está el escándalo que salpicó al magistrado Alexandre de Moraes, figura prominente del Supremo Tribunal Federal que alcanzó notoriedad por sentenciar a Bolsonaro padre por golpismo, a quien se sindica de vínculos con el exbanquero Daniel Vorcaro, protagonista de un gran escándalo de fraude financiero. Esa situación permitió que el bolsonarismo echara mano de críticas al Poder Judicial para fortalecer su propio discurso.





