Es importante que se haya tocado el tema porque es una realidad que está vigente, pero que con el tiempo se pierde en la vorágine de informaciones que se propalan día a día.
Parte de esa realidad está enquistada en el norte del país. Hace seis años está en cautiverio el policía Edelio Morínigo, hace cuatro años está en la misma situación el ganadero Félix Urbieta y ya lleva más de dos meses el secuestro del exvicepresidente de la República Óscar Denis. El epicentro es el límite de los departamentos de Concepción y Amambay.
El obispo Adalberto Martínez recordó también la muerte del suboficial primero Carlos Antonio Flores Melgarejo (31), asesinado la semana pasada, aparentemente por abigeos, en una estancia de la zona conocida como Cruce Panadero, ubicada a 15 kilómetros al sur del centro urbano del municipio de Karapa’i, Amambay.
El prelado alertó que los agentes de la Policía Nacional están muy expuestos en el norte, se encuentran en situación de mucho riesgo, con mucha fragilidad y necesidad de equipos adecuados y tareas de inteligencia.
A esto habría que agregar que están expuestos igualmente debido a la corrupción facilitada por ser área fronteriza y la ausencia del Estado. En algún momento el presidente Mario Abdo Benítez se jactó de que ya no había atentados en la frontera. Pero no es así.
El último hecho sucedió el viernes último a la noche, en el cual toda una familia que iba en un vehículo fue emboscada por un grupo de sicarios en la línea fronteriza con Brasil. Al fallar el atentado se inició una persecución que el conductor logró esquivar.
Cuando llegaban a su casa, en Zanja Pytã, Amambay, los tres integrantes de la familia fueron acribillados.
El objetivo del ataque, un ciudadano brasileño (35), murió así como también su hija (de la misma nacionalidad) de tan solo 9 años. Resultó herida una mujer paraguaya, esposa y madre de las víctimas.
Es paradójico decir esto, pero antes, en el norte, los criminales tenían un código de honor que salvaguardaba a niños y mujeres. Hoy no les importa nada.
Hay que decir que en los últimos tiempos hubo un intento, por parte de las fuerzas de seguridad, de cambiar la situación. Pero no basta para evitar nuevos hechos.
Es inadmisible que tengamos tres casos sin resolver. Se dio de baja a tres integrantes del EPP, en una operación arriesgada, pero no alcanza para saber qué ocurrió con las tres actuales víctimas de secuestro.
Cayeron varios líderes de la mafia que intentaron adueñarse de la frontera entre Paraguay y Brasil. Pero igual ese territorio, ubicado en el norte, es disputado por los grupos criminales, y es por eso que tenemos periódicas noticias de los atentados.
Llegamos al punto de que policías son las víctimas de secuestradores y abigeos.
La acción de los organismos de seguridad en el norte del país debe ser constante porque los criminales lo son. El olvido o el desentendimiento por años fueron los mejores aliados de los maleantes.
Para ello el apoyo se debe traducir en el equipamiento necesario, en la elección adecuada del personal investigativo, táctico y de inteligencia, con una paga justa por el riesgo que se debe correr, en el acompañamiento firme que haga sentir el respaldo de las autoridades centrales y al mismo tiempo neutralizar la posibilidad de corrupción en las fuerzas de seguridad.
El Estado perdió hace mucho el respeto en el norte del país, es hora de recuperarlo.
ocaceres@abc.com.py



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