Con entrevistas, imgenes y datos recolectados en diferentes puntos, el importante medio de comunicacin se hizo eco de la realidad que vive el sueo guaran.
Aqu parte del material:

La comunidad indgena Espinillo est a casi 21 kilmetros del centro de votacin ms cercano, y en la aldea nadie tiene auto. Es por eso que hace dos semanas, en vsperas de las elecciones en Paraguay, Miguel Paredes, un chofer de ambulancia retirado que se ha convertido en una figura poltica local, subi a las familias indgenas a un autobs y las llev al costado de una carretera, a pocos pasos de las urnas. Queremos cuidar por ellos, dijo Paredes, de 65 aos, vigilante y de pie junto a seis jvenes a los que identific como sus colegas.
Al caer la noche, Paredes y sus colegas reunieron a algunos miembros de la comunidad indgena y anotaron sus nmeros de identificacin. Paredes les dijo que deban votar por el Partido Colorado la fuerza poltica dominante de derecha en Paraguay y asegurarse de que sus compaeros de la comunidad tambin lo hicieran. Luego, los jvenes guiaron a los miembros de la comunidad indgena en una simulacin de las mquinas de votacin en un telfono, y les indicaron cmo votar por los candidatos del Partido Colorado.
Ante los periodistas de The New York Times, Milner Ruffinelli, uno de los jvenes, pas a hablar en guaran, la lengua indgena oficial en el pas. Ese pedido de plata que se comprometi con ustedes, eso ya est tambin y el seor Miguel Paredes va a ver cmo hacerles llegar, dijo. Ac no podemos darles nada, ustedes saben por qu.
La democracia est siendo puesta a prueba en todo el planeta. En algunos pases, los lderes atacan las instituciones democrticas como ha sucedido en Estados Unidos, Turqua, Brasil y Mxico, mientras que en otras naciones como Rusia, Venezuela y Nicaragua han trastocado por completo el proceso democrtico.
Al mismo tiempo, la desinformacin por internet ha impulsado turbulentas denuncias de mquinas de votacin manipuladas, votantes muertos y boletas robadas, socavando la fe en las elecciones limpias. Pero en muchos pases, una amenaza menos visible pero igual de persistente contina afectando las elecciones libres y justas: la compra de votos.
En Mxico, los partidos polticos han repartido tarjetas de regalo, vveres y hasta lavadoras. Los observadores electorales afirmaron que la votacin del ao pasado en Filipinas estuvo plagada de compras flagrantes de votos. En febrero, un poltico en Nigeria fue capturado con 500.000 dlares y una lista de posibles beneficiarios el da previo a las elecciones nacionales.

El mes pasado, en Paraguay, un pas de 7,4 millones de habitantes ubicado en el centro de Amrica del Sur, The New York Times descubri un peculiar modo de compra de votos, desarrollado a lo largo de dcadas: operativos polticos que renen a miembros de las comunidades indgenas en el remoto norte de Paraguay y tratan de controlar o comprar sus votos.
El fin de semana de las elecciones nacionales, el Times fue testigo de cmo representantes del gobernante Partido Colorado intentaban comprar los sufragios de las comunidades indgenas, y ms de una decena de miembros de estas comunidades dijeron en entrevistas que aceptaron dinero del partido justo antes de votar.
En uno de los casos, un candidato a gobernador del Partido Colorado entreg personalmente 200.000 guaranes (casi 30 dlares por persona) a ms de 100 votantes indgenas frente a un centro de votacin en la localidad riberea de Fuerte Olimpo, segn entrevistas con cinco miembros de comunidades indgenas que recibieron el dinero. Esa cantidad es equivalente a varias semanas de ingresos para las personas ms pobres de Paraguay.
Nestor Rodrguez, lder de la comunidad indgena Tomraho, quien recibi dinero, dijo que era una prctica comn. Solamente eso es para comprar tu ropa, eso, para tu familia, afirm. Rodrguez vot por el candidato del Partido Colorado, Arturo Mndez, por sus promesas de crear empleos y una nueva carretera, dijo.
Mndez gan con comodidad las elecciones. En una entrevista, admiti haberle dado sumas en efectivo a miembros de comunidades indgenas, pero dijo que solo lo hizo porque necesitaban comida y ropa, y el gobierno los haba olvidado. S, realmente los ayudamos. Pero no induciendo al voto de ellos, dijo. Sera desalmado no ayudar a esta gente.
Pagarle a las personas para que voten de una manera determinada es ilegal en Paraguay. Muchos de los pagos se presentan como asistencia financiera como, por ejemplo, dinero para almorzar durante el da de las elecciones.
En el vecino departamento de Concepcin, donde viven 3000 residentes indgenas, el candidato del Partido Colorado gan la gobernacin por apenas 28 votos. El candidato perdedor est impugnando los resultados, alegando irregularidades en el conteo de votos.

La compra de votos puede influir de forma determinante en las elecciones locales, pero rara vez en las nacionales, afirm Ryan Carlin, profesor de la Universidad Estatal de Georgia que ha estudiado el tema. Sin embargo, siempre socava la democracia al hacer un cortocircuito en los mecanismos de representacin y rendicin de cuentas, dijo. Si un voto se da por sentado y se otorga a cambio de otra cosa, no hay una promesa poltica al final.
Muchos de los cerca de 120.000 habitantes de comunidades indgenas de Paraguay comenzaron a integrarse a la sociedad moderna hace apenas unas pocas dcadas, y desde entonces muchos partidos polticos no solo el Partido Colorado han tratado de controlar sus votos.
En los das previos a las elecciones nacionales, trabajadores de partidos polticos se dispersaron por el Chaco, una regin vasta y rida que abarca la mitad noroeste de Paraguay, donde vive casi la mitad de la poblacin indgena.
En comunidades remotas, los trabajadores suben a los indgenas a los autobuses, los llevan a sitios cercados y les dan carne y cerveza hasta la hora de la votacin, segn observadores electorales, activistas locales y miembros de comunidades indgenas que lo han experimentado. El objetivo es controlar a la comunidad antes de que lo haga un partido rival.
El da de las elecciones, los trabajadores del partido les pagan a las personas indgenas por sus identificaciones lo que les impide votar o los trasladan en autobuses hasta las urnas y les dan dinero.
La prctica est tan arraigada, que ha desarrollado su propio vocabulario: hay que arrear a los votantes indgenas y llevarlos a corralones.
Es como si furamos animales que van a ser comprados, dijo Francisco Cceres, de 68 aos y miembro de la comunidad indgena qom.
Observadores electorales de la Unin Europea afirmaron haber sido testigos de estos corralones en las elecciones paraguayas de 2013 y 2018, y vieron mltiples casos de compra de votos en los comicios del 30 de abril. Segn los observadores, los partidos tratan de comprar los votos de muchos paraguayos, no solo de las personas indgenas.
La prctica forma parte de la robusta maquinaria poltica que ha fortalecido el control del Partido Colorado en Paraguay, el cual ha tenido el poder durante 71 de los ltimos 76 aos, incluidas cuatro dcadas de dictadura militar.
El candidato presidencial del Partido Colorado, Santiago Pea, gan con una ventaja de 460.000 votos, con el 43 por ciento del nmero total de votos (Paraguay tiene menos de 80.000 adultos de comunidades indgenas, segn las estimaciones). Pea es el protegido poltico de Horacio Cartes, expresidente y actual lder del partido, quien fue sancionado este ao por el gobiern de Estados Unidos por acusaciones de haber hecho sobornos para llegar al poder.
Los candidatos que quedaron en segundo y tercer lugar han sugerido que la victoria de Pea estuvo amaada, pero no han presentado pruebas claras. El candidato del tercer lugar, cuyos simpatizantes han bloqueado carreteras en protesta, ha sido encarcelado bajo acusaciones de intentar obstruir las elecciones.
Durante una entrevista antes de las elecciones, Pea afirm que si la compra de votos fuera una realidad, de todas maneras no afectara las contiendas.
El argumento de la compra de votos la verdad que no tiene mucho sustento, dijo. Nunca se ha podido demostrar un esquema de compra masiva. Si votan 2 millones y medio, 3 millones de electores, cuantos votos tendramos comprados?.
Sin embargo, entre los paraguayos, la compra de votos es un secreto a voces. Parece que si no hay eso, no es votacin, afirm Jos Arias, un sacerdote catlico que usa sus sermones para disuadir a sus feligreses de las comunidades indgenas de vender sus votos. La gente est de acuerdo en la crtica, dijo. Solamente que muchos que estn de acuerdo en el da de la votacin tambin aceptan sobornos.



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