TikTok es una aplicación para compartir vídeos, que se hizo mundialmente famosa en el inicio de la pandemia del COVID-19 y que desde entonces se ha convertido en un poderoso gigante tecnológico a la altura de los titanes de Silicon Valley. Pero cada vez se encuentra más sometida al escrutinio de legisladores, responsables políticos y periodistas de todo el mundo, preocupados por los efectos secundarios de su rápido ascenso.
Esta semana, Shou Zi Chew, director ejecutivo de TikTok, ha viajado hasta la capital europea para reunirse con varios comisarios europeos, entre ellos Margrethe Vestager, la vicepresidenta ejecutiva que supervisa la agenda digital del bloque, y Didier Reynders, responsable de la cartera de Justicia.
Un portavoz de la Comisión Europea ha explicado a Euronews que las reuniones se han celebrado "a petición de la empresa" y se han centrado en las obligaciones que se derivarán de las nuevas legislaciones digitales gemelas de la Unión Europea, la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA).
Los reguladores occidentales sospechan que TikTok, cuya empresa matriz, ByteDance, tiene su sede en Pekín, puede poner en manos del gobierno chino datos sensibles de ciudadanos anónimos y usar su algoritmo de recomendación de contenidos para difundir propaganda comunista. Aunque la empresa ha rebatido categóricamente estas afirmaciones, una incesante serie de revelaciones en medios de comunicación sigue alimentando las críticas, empujando a TikTok al terreno de la seguridad nacional. Desde Washington a Bruselas, los políticos debaten cómo abordar la popular aplicación, que por el momento opera casi sin trabas en todo Occidente.



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