Cano Isaza, que había denunciado en las páginas del diario las actividades del narcotráfico, fue asesinado la noche del 17 de diciembre de 1986 cuando salía del periódico en su vehículo particular.
Al acto, celebrado en el Día del Periodista en Colombia, asistieron los familiares de Cano y funcionarios del Gobierno así como el presidente de la Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP), Roberto Rock.
“Estamos seguros de que, si el caso de Guillermo Cano se hubiera resuelto en términos apropiados y adoptado medidas públicas de no repetición, se hubieran podido salvar muchas vidas de periodistas que cayeron después de él, dentro y fuera de Colombia”, manifestó en su intervención el presidente de la SIP.
Rock subrayó que Guillermo Cano “seguirá siendo para el periodismo faro, guía, baluarte”.
Pero no fue el único atentado y crimen cometido contra El Espectador y sus trabajadores, a quienes los carteles de la droga pusieron en el punto de mira por su labor de denuncia de la violencia, corrupción y criminalidad que reinaba en aquellos años en el país.
En su persecución contra El Espectador el narcotráfico también destruyó parte de la sede del diario en Bogotá con la detonación de un camión bomba cargado de explosivos el 2 de septiembre de 1989, asesinó a otros periodistas, al fiscal del caso y al abogado, entre otros crímenes.
En este sentido, Bock también le pidió al Estado que asuma la responsabilidad de no proteger a los periodistas y empleados del medio de comunicación, asediados e incluso exiliados tras el asesinato de su director.
Fuente: EFE



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