"Atención, operación de desminado en curso, todos a cubierto": con un traje de protección verde, un hombre activa el detonador para hacer estallar una submunición que ha caído en un huerto.
Del otro lado de la Calle de los Voluntarios, Vyatcheslav sale de su casa. El 29 de marzo, las explosiones lo despertaron en plena noche: su coche está destruido, su techo agujereado por todas partes.
"Desde el 29 de marzo, estáִn desminando, hace unos cinco o seis días... Y todavía no han terminado. En casa, explotó en todas partes, tuvimos seis, y allí, tuvieron once", dice.
Explosiones continuas: "Su blanco no está claro"
En este barrio obrero del este de Mikolaiv, la mayoría de los residentes ya se habían marchado cuando explotaron las bombas de racimo, que esparcieron miles de proyectiles por una amplia zona.
"Están disparando de forma caótica", afirma Artem Vaguin, portavoz de los bomberos de la delegación local del Ministerio de Situaciones de Emergencia. "Su blanco no está claro, ni si lo hay. No entendemos cuál es su objetivo", agrega.
En la distancia, hay constantes explosiones. Se han acelerado en los últimos días, confirma uno de los desminadores: "Mandan todo lo que tienen aquí. Cohetes con submuniciones, bombas aéreas, proyectiles, en fin, todo su arsenal. Ahora, es bastante lejano, es difícil entender lo que está cayendo, pero cuando se trata de municiones de racimo, puedes oírlo, hace 'boom, boom, boom', como un redoble de tambores", explica.
De vuelta a la furgoneta, el desminador se quita la parte superior de su traje de 40 kg. Sudando, recupera el aliento antes de ponerse de nuevo en marcha hacia otro artefacto que hay que desactivar.



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