El sonido de villancicos llena la Plaza de los Ángeles, en el centro de Leópolis, donde lugareños vestidos de fiesta se han congregado para instalar un "diduj", un adorno navideño tradicional hecho con una gavilla de trigo.

Esto ocurre dos semanas antes que el año pasado, tras la decisión de las principales Iglesias de Ucrania de alinear sus calendarios con el resto del mundo cristiano. De este modo, se pone fin al largo periodo de aislamiento, que comenzó después de que Ucrania fracasara hace un siglo en proteger su independencia de la Unión Soviética dirigida por Moscú.

"Soñábamos desde hace mucho tiempo con celebrar la Navidad junto con el resto del mundo. Se siente natural, como debería ser", explica a EFE Oksana Mazar, residente local.