La huelga, que coincide con el Día Internacional de los Derechos Humanos, tenía como objetivo parar toda la actividad pública del país entre las 10 y las 16 horas, en un claro desafío a los militares golpistas que depusieron al gobierno el pasado 1 de febrero. Las principales arterias de la mayor ciudad del país, Rangún, estaban prácticamente vacías y sin tráfico en plena hora punta.
En la pagoda de Shwedagon, un complejo religioso budista habitualmente muy frecuentado, no hubo peregrinos ni visitantes. "Los restaurantes, tiendas y el mayor mercado están cerrados" dijo a la agencia AFP un vecino de Mandalay, la segunda mayor ciudad de Birmania, que quiso mantenerse en el anonimato. "Desde por la mañana, no hay vendedores ambulantes ni trabajadores", agregó.
Una huelga difícil
Escenarios similares se repetían en Mawlamyaing (sureste), Ayeyarwady (sur), Bago (sureste), Mandalay (centro-norte) y Sagaing (noroeste), e incluso en la capital, Naipyidó, donde se concentra el poder de los militares. Algunos birmanos colgaron también fotos de soldados a los que acusaban de robar en negocios cerrados por la huelga de silencio.
"La huelga de silencio es quizá una de las formas más difíciles de huelga porque no podría hacerse sin la cooperación y la participación masiva de gente. Otro hito del pueblo birmano", señaló en Twitter la cuenta del Movimiento de Desobediencia Civil. Una convocatoria similar contra la junta militar dejó vacías las calles de las principales ciudades del país el pasado 24 de marzo.
La Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP) de Birmania asegura que al menos 1.323 personas han muerto, incluidos decenas de niños, como consecuencia de la represión militar.
DZC (EFE, AFP)



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