El hombre dijo que fue a una cena con amigos, que allí (en Villa Elisa) le robaron su auto, en donde se encontraban las armas en cajas. Luego refirió que encontró abandonado el vehículo, y solo los recipientes sin el armamento.

La armería estaba intervenida por la Dirección de Materiales Bélicos (Dimabel) para la realización de un control. Y Luis Miguel debía rendir informe sobre las 32 armas, pero justo días previos a esa rendición le robaron.

La rara coincidencia no pasó desapercibida. En la revisión de antecedentes recogidos por agentes de la Dimabel, mencionan que en una intervención anterior, recogieron la información de que indígenas de escasos recursos están en la nómina de compradores de armas cortas (con costo de 12 millones de guaraníes por unidad). Es sobre esta base la que los investigadores presumen que el detenido estaría en un esquema de venta clandestina de armas, posiblemente para grupos delictivos.

La recurrencia a indígenas para simular compras de armas, se encuadra a otros casos relacionados a grupos criminales que utilizan a nativos para perpetrar delitos o para dar apoyo logístico a los delincuentes.

Uno de estos carteles que incurre en esta práctica, es el liderado por Felipe Santiago Acosta, alias Macho. Otro es el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).