Para el dirigente liberal, el actual “cortocircuito” dentro del cartismo no es otra cosa que una puesta en escena, una verdadera novela turca montada para intentar convencer a la ciudadanía de que Alliana no es un títere del expresidente.

El detonante de la crisis interna fue el anuncio de Cartes impulsando al ministro Juan Carlos Baruja como compañero de fórmula de Alliana. El vicepresidente respondió de inmediato marcando distancia: dijo que no aceptará imposiciones, que anunciará su dupla recién después de las municipales del 4 de octubre y que, si le imponen el nombre, “hará su propio camino”. La reunión posterior entre ambos en la residencia de Cartes no resolvió el diferendo y Alliana reconoció que “no está todo bien” dentro de Honor Colorado.

Para Alegre y sectores de la oposición, este intercambio público no cambia la estructura real de poder. Durante años el dirigente liberal ha insistido en que el verdadero conductor del proyecto colorado es Cartes y que tanto Santiago Peña como Pedro Alliana han funcionado como piezas de ese engranaje. La imagen que circula estos días —Alliana convertido en marioneta de madera con hilos sostenidos desde arriba y un discurso que dice “vamos a hacerles creer que no sos un títere”— resume con crudeza esa lectura.

La “novela turca”, según esta visión, consiste precisamente en eso: generar una pelea controlada, un aparente choque de egos y autonomías, para rehabilitar la imagen de Alliana de cara a 2028 y presentar un candidato que no parezca simplemente el continuador del cartismo. Mientras tanto, el mensaje de fondo sigue siendo el mismo que Alegre ha repetido en campañas anteriores: el poder real no está en quien ocupa el sillón, sino en quien mueve los hilos desde fuera.

El propio Alliana, en declaraciones recientes, ha reafirmado su lealtad al Partido Colorado y a Honor Colorado, al tiempo que reclama el derecho a elegir su fórmula. Cartes y su primer anillo, por su parte, insisten en que el liderazgo sigue siendo uno solo y que las diferencias se resolverán. Para la oposición crítica, sin embargo, el guion ya está escrito: se pelean un rato, se abrazan después y el electorado debe creer que esta vez el candidato es independiente.

Mientras la interna colorada busca bajar los decibeles de cara a las municipales, la lectura de Alegre y de quienes comparten su diagnóstico es clara: no se trata de una ruptura real, sino de una operación de marketing político. Una novela turca diseñada para que la gente crea que el títere ya no tiene hilos.