Nueva York (EFE). La web del Museo y Monumento conmemorativo de los ataques ofrece una cronología del atentado terrorista que cambió no solo a Estados Unidos, sino también al mundo.
El grupo Al Qaeda responsable de los ataques tenía como líderes a Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri, ambos capturados y asesinados por Estados Unidos en 2011 y 2022, respectivamente. El operativo contra Bin Laden se llevó a cabo bajo el nombre de “Lanza de Neptuno”, seguida desde primera fila por el presidente de entonces Barack Obama.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró esta semana que su país empleará “todo su poder” para impedir que vuelva a producirse un ataque como los del 11S.
Luego de 25 años, el presunto cerebro y otros tres acusados siguen a la espera de un juicio, que se prevé comience el próximo 5 de junio de 2028 después de pasar más de una década estancado en su fase preliminar.
Horas de terrorLos registros apuntan que a las 8:46 horas de Nueva York, cinco secuestradores estrellan un Boeing 767 de American Airlines contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, sede del emblemático centro financiero World Trade Center, donde trabajaban alrededor de 50.000 personas. El avión llevaba 76 pasajeros a bordo y 11 tripulantes. El impacto provocó un espectacular agujero en los últimos pisos del edificio, de 110 plantas, y un enorme incendio.
Luego, a las 9:03: Cinco secuestradores estrellan un segundo avión, un boeing 757 de United Airlines que partió de Boston con destino a Los Ángeles con 51 pasajeros y 9 tripulantes a bordo, contra la torre sur, la segunda de las Torres Gemelas.
Dos minutos más tarde, 9:05, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, es informado de los últimos acontecimientos durante su visita a una escuela de Sarasota (Florida), donde 25 minutos después hace su primera declaración pública. Habla de una tragedia nacional y advierte de que lo sucedido parece “un ataque terrorista”.
Después, a las 9:37, cinco secuestradores estrellan un avión de American Airlines contra el Pentágono. Cubría la ruta Washington-Los Ángeles con 53 pasajeros y 6 tripulantes a bordo.
Después del mediodía del 11 de septiembre, el presidente Bush declara desde la Base de Barksdale (Louisiana) que la libertad fue atacada “por un cobarde sin cara” y anuncia que se han adoptado las medidas necesarias para garantizar la seguridad.
A partir de allí el mundo entró en conmoción. El ataque terminó con la vida de unas 3.000 personas, entre ellas dos paraguayos residentes en Nueva York: Carlos Alberto Samaniego y Obdulio Ruiz Díaz, dos trabajadores.
Un sector del edificio del Pentágono, en Washington DC, dañado durante el atentado del grupo terrorista Al Qaeda.STEPHEN JAFFE
Una nueva generación pos 11S
Tras 25 años, una nueva generación de estadounidenses conoce el 11S no por haberlo vivido, sino por lo que le han contado sus padres, sus profesores o los libros de historia, pero es consciente del impacto que aquellos ataques siguen teniendo en la actualidad.
Unos 100 millones de estadounidenses no habían nacido cuando cayeron las dos torres o eran demasiado pequeños para poder recordarlo por sí mismos, según Beth Hillman, presidenta y directora ejecutiva del Museo del 11S de Nueva York.
Pew Research señala en una encuesta que el 10% de los adultos estadounidenses nació después de 2001 y que, entre los jóvenes de 18 a 24 años, un 60% conoció los atentados por primera vez en clase o a través de trabajos escolares. Un 16% lo hizo por familiares o amigos, un 8% “leyendo o viendo algo por su cuenta” y un 14% no recuerda cómo.
Una flor puesta en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre en Nueva York (Estados Unidos).Angel ColmenaresLos “bebés del 11S”
Las escuelas del país son una plataforma fundamental de divulgación para jóvenes como Nikita, una modelo de 20 años que recuerda cómo su colegio le explicó desde la Zona Cero lo sucedido “de una forma adaptada a los niños”. Sin embargo, pese a que en la escuela y entre las familias estadounidenses el 11S es un tema recurrente, algunos jóvenes reconocen que aquel trágico día ya no está tan presente en el imaginario colectivo de su generación.
Aunque muchos jóvenes no conservan “un recuerdo vivo de lo que sucedió”, conviven “con las consecuencias de las decisiones que se tomaron tras el 11S”, como políticas de inmigración más agresivas o las invasiones militares en Afganistán e Irak, recalca a EFE Deepa Iyer, autora de ‘We Too Sing America’, un libro que aborda el impacto del 11S en las comunidades del sur de Asia, árabes y musulmanes.
Así, la distancia generacional no les impide reconocer la amplia huella que han dejado los atentados en la sociedad y la política estadounidenses.
El casco de protección de uno de los rescatistas que murió el 11S es parte hoy del museo memorial.El papel de las instituciones
Ante el relevo generacional, las instituciones educativas y culturales de EE.UU. tienen como misión mantener vivo el recuerdo de las víctimas y educar sobre lo que pasó aquel día.
En los colegios de Nueva York, la historia de los atentados está incluida en los programas de octavo, décimo y undécimo grado, y se aborda tanto su impacto mundial como las historias personales de las víctimas y de quienes se acercaron a ayudar a los afectados.
Aun así, la ciudad reconoce el reto que supone educar a las nuevas generaciones, y “ese vínculo personal y ese trauma se han convertido más en un recuerdo que intentamos transmitir y trabajar con los estudiantes”, explica a EFE Brian Carlin, director de Ciencias Sociales del Departamento de Educación de Nueva York.
Entre las entidades culturales destaca la labor del Museo del 11S, que conmemora a diario a las casi 3.000 víctimas mortales y que inaugurará el 12 de septiembre una exposición dedicada al legado de servicio que surgió de aquella tragedia.
Las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, foco de los ataques en 2001. Un cuarto de siglo, 102 minutos de terror y dos paraguayos muertos.SETH MCALLISTERNueva York y la reconstrucción
Los atentados del 11 de septiembre destrozaron el bajo Manhattan alterando para siempre el emblemático horizonte de Nueva York. Hoy, la Zona Cero no sólo reconstruyó su silueta, sino que redefinió el concepto de resiliencia urbana a través de nuevos rascacielos, espacios de memoria y un vibrante renacimiento cultural.
Para Peter Bitwinski, el complejo del World Trade Center (WTC) era mucho más que los rascacielos de las Torres Gemelas o un centro financiero: era donde trabajaba cada día, en el piso 69 de la Torre Norte.
“El avión impactó detrás de mí y me tiró sobre mi escritorio. Los siguientes uno o dos minutos fueron los más largos de mi vida, con el edificio moviéndose violentamente. Fui parte de un grupo que ayudó a un compañero de trabajo paralizado a descender. Logramos salir aquí, a West Street, a las 10:15, y la torre se derrumbó a las 10:28”, recuerda Bitwinski en una entrevista con EFE.
Memoria viva
Hace un cuarto de siglo, los atentados borraron del mapa los dos rascacielos de 415 metros y 417 metros que coronaban el bajo Manhattan. Desde 2011, en su lugar hay dos estanques ubicados en el emplazamiento de las antiguas Torres Norte y Sur.
Estos albergan las cascadas artificiales más grandes de Norteamérica y están rodeados por más de 400 robles. El árbol que más destaca es un peral, conocido como “Árbol Superviviente”, recuperado de entre los escombros del WTC y que se ha convertido en uno de los símbolos de la recuperación.
A Howe y a su esposo también les sorprendió encontrar, entre las nuevas construcciones, recuerdos de cómo era la zona antes de los atentados. Uno de ellos es la escultura de bronce ‘The Sphere’.
La obra, creada por Fritz Koenig en 1971 como símbolo de la paz mundial a través del comercio, se encontraba entre las Torres Gemelas y tras sobrevivir a los colapsos, fue recuperada de los escombros y trasladada temporalmente a Battery Park antes de regresar en 2017 al complejo del WTC.
Incluso una de las construcciones más vanguardistas de la zona, la estación del Oculus, fue diseñada como un recordatorio permanente de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El proyecto de Santiago Calatrava está alineado con la trayectoria solar de cada 11 de septiembre, desde las 8:46 de la mañana, cuando impactó el primer avión, hasta las 10:28, cuando colapsó la segunda torre. Su claraboya central permite que un haz de luz, conocido como la “Cuña de Luz”, atraviese el Oculus siguiendo esa alineación e ilumine dos columnas paralelas en momentos que coinciden con los ataques contra las torres.
El presidente George W. Bush (C) y su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld (i) cerca de la zona de impacto en el Pentágono.PAUL J. RICHARDS
Completar el horizonte
En 2014 se inauguró One World Trade Center, rascacielos de 541 metros que se convirtió en el principal símbolo de la reconstrucción del bajo Manhattan tras los atentados y que también es conocido como la “Freedom Tower”.
El plan de reconstrucción de la zona es que le acompañe otro rascacielos, el 2 World Trade Center, que ha entrado este verano en una nueva fase de construcción y representa la última gran pieza del rediseño de esta área. El edificio tendrá 55 pisos y unos 400 metros de altura. Está previsto que sea inaugurado en 2031 como sede mundial de American Express.
El renacimiento del bajo Manhattan, sin embargo, no se limita a la arquitectura corporativa: la ciudad también ha buscado revitalizar la zona en el ámbito cultural y un claro ejemplo de ello es el Perelman Performing Arts Center (PAC NYC), inaugurado en septiembre de 2023.
Bitwinski recuerda que, tras los atentados, muchos pensaban que Nueva York, y especialmente el WTC, nunca se recuperaría: “Quizás tomó un poco más de tiempo de lo que pensaba, pero, los neoyorquinos son resilientes”. “Por muy difícil que fuera hace 25 años, creo que ayudaron tanto la resiliencia de los neoyorquinos como la simple condición humana de darse cuenta de que, no importa cómo te derriben, tienes que levantarte”, concluyó el superviviente.



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