Su combinación de fibra y polifenoles despierta interés científico por sus posibles efectos sobre la glucosa, la microbiota y la saciedad, aunque todavía faltan estudios en humanos que permitan establecer recomendaciones de consumo.
Una harina tradicional comienza a ganar atención en la investigación nutricional. La harina de algarroba, obtenida de la vaina del algarrobo, concentra fibra y polifenoles que podrían aportar beneficios en personas con prediabetes y diabetes, según resultados de investigaciones realizadas en animales y estudios piloto en humanos.
La investigadora Jara Pérez, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), destacó el potencial de este alimento durante el Simposio Jóvenes Investigadores, realizado en la Real Academia Nacional de Medicina de España.
Uno de los aspectos que despierta mayor interés es la particular composición de la algarroba. Su fibra y sus polifenoles se encuentran unidos mediante diferentes enlaces químicos, formando un denominado complejo fibra-polifenol. Esta característica podría favorecer interacciones con la microbiota intestinal y contribuir a procesos relacionados con la salud metabólica.
La fibra, explicó la investigadora, no solo está asociada con la función intestinal. Al no ser completamente absorbida por el organismo, puede interactuar con la microbiota y participar en mecanismos vinculados con el riesgo de enfermedades crónicas. Los polifenoles, por su parte, son compuestos presentes en alimentos vegetales a los que se atribuyen efectos relacionados con la modulación de la microbiota y la reducción de procesos inflamatorios.
Resultados que abren una puerta
Las primeras evidencias son alentadoras, aunque todavía no definitivas. En ratas con diabetes, una investigación que combinó cacao puro y harina de algarroba observó mejoras en el metabolismo de la glucosa, alteraciones cardíacas y funciones de la microbiota intestinal.
También se realizó un estudio piloto en personas con diabetes tipo 2 que consumieron esa combinación. Entre los resultados observados se encontró un incremento de la sensación de saciedad.
La investigación continúa. Actualmente, Pérez participa en el proyecto METACAROB, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España, que estudia el papel de la harina de algarroba en personas con prediabetes.
Sin embargo, la evidencia disponible todavía tiene límites. Los estudios realizados en humanos son escasos y no permiten establecer una cantidad recomendada de consumo ni presentar la harina de algarroba como un tratamiento para la diabetes.
Desde el punto de vista de la seguridad, la investigadora señaló que puede incorporarse a una alimentación saludable como fuente de fibra y polifenoles. La advertencia aparece cuando el ingrediente se utiliza en productos de repostería junto con harinas refinadas y grasas de baja calidad, combinación que puede modificar considerablemente el perfil nutricional del alimento.
La algarroba, por tanto, no aparece como una solución milagrosa, sino como un alimento cuyo potencial metabólico está comenzando a ser estudiado con mayor profundidad. El desafío científico será determinar hasta qué punto sus componentes pueden traducirse en beneficios concretos para la salud humana.
Fuente: Europa Press.



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