Todas las luchas emprendidas de la Municipalidad han sido en vano. Nunca se pudo solucionar y por ello, los animales siguen campante molestando y destruyendo basureros, plantas, etc., y poniendo en peligro el tránsito automotor.
En la gráfica, el caballo solo espera la apertura de la puerta para ingresar a la oficina de un ciudadano en el barrio Itacurubí.



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