Lo que más preocupa no es solamente este caso, sino el mensaje que se transmite a la sociedad. Mientras muchos ciudadanos enfrentan con rapidez todo el peso del sistema, en otros casos pareciera existir una lentitud difícil de entender y justificar.

La Justicia tiene la obligación de actuar con transparencia, firmeza e igualdad. Cuando las decisiones no son claras o los procedimientos se prolongan sin explicaciones públicas, crecen las sospechas, la desconfianza y el sentimiento de que existen ciudadanos de primera y de segunda categoría ante la ley.

La ciudadanía está cansada de las dudas y del silencio institucional. La confianza en la Justicia no se construye con discursos, sino con hechos concretos, reglas iguales para todos y respuestas oportunas. Cada día que pasa sin explicaciones alimenta aún más la percepción de privilegios y debilita la credibilidad de las instituciones.

La ley debe aplicarse con el mismo rigor para todos, sin excepciones, sin favoritismos y sin privilegios.