La tradicional festividad de la Virgen de Caacupé vuelve a posicionarse como uno de los principales motores de movimiento turístico y comercial del país. Para este año, las estimaciones del sector apuntan a la llegada de aproximadamente 3 millones de visitantes entre el 29 de noviembre y el 16 de diciembre, un periodo en el que la actividad económica de la capital espiritual se intensifica y genera oportunidades para numerosos rubros de servicios y comercio.
De acuerdo con Eduardo González, presidente de la Asociación de Prestadores Turísticos de Cordillera (Aprestucor), la ciudad recibe anualmente entre 5 y 6 millones de personas, aunque una parte importante de esa circulación se concentra durante las semanas de la temporada mariana. Solo entre el 7 y el 8 de diciembre se espera el desplazamiento de alrededor de 1,5 millones de personas, lo que dimensiona la magnitud de la convocatoria religiosa y su repercusión económica.
El movimiento no se limita a los peregrinos que llegan hasta la Basílica. También comprende turistas, excursionistas y visitantes ocasionales que realizan paradas breves para recorrer la ciudad, adquirir productos o continuar viaje hacia otros destinos. Esta diferencia resulta relevante para el sector, que busca fortalecer la permanencia de los visitantes y convertir la afluencia de personas en mayores oportunidades de consumo y alojamiento.
En el entorno de la Basílica, la infraestructura turística cuenta con unas 12 posadas y entre seis y siete restaurantes de mayor dimensión, además de una amplia red de pequeños emprendimientos gastronómicos y comerciales. Asaditos, lomiterías, comidas rápidas y dulcerías forman parte de una oferta que encuentra en la festividad uno de sus momentos de mayor actividad. La producción tradicional de dulces de guayaba también constituye un elemento distintivo de la identidad comercial de Caacupé.
Uno de los proyectos que acompaña esta preparación es la recuperación y remodelación del antiguo mercado municipal, construido alrededor de 1920. La iniciativa, impulsada por Aprestucor, apunta a transformar el espacio en un centro orientado al turismo rural y ampliar las alternativas de recorrido para quienes visitan la ciudad. Según González, los trabajos se encuentran en desarrollo y próximos a su inauguración.
La propuesta también busca mejorar el registro y la caracterización de los visitantes, una tarea pendiente para el sector turístico. Actualmente, las estimaciones generales no permiten diferenciar con precisión cuántas personas son turistas que permanecen en la zona, cuántos son excursionistas, peregrinos, mochileros o visitantes extranjeros. Contar con esa información permitiría planificar mejor los servicios, identificar oportunidades de inversión y diseñar estrategias de promoción más efectivas.
La actividad, además, puede extender sus beneficios a otras localidades de Cordillera. Parte de los visitantes aprovecha su paso por Caacupé para prolongar el recorrido y alojarse en destinos como San Bernardino, mediante circuitos familiares de dos o tres días. De esta manera, la festividad representa una oportunidad para distribuir el movimiento turístico más allá de la ciudad y fortalecer la economía departamental.
En paralelo, los preparativos involucran a distintas instituciones responsables de la seguridad, la salud, el transporte, el ambiente y la infraestructura. La coordinación interinstitucional contempla aspectos como el estado de los caminos, la disponibilidad de agua, la circulación vehicular y las condiciones climáticas durante el periodo de peregrinación. La organización será determinante para que una convocatoria de esta magnitud se traduzca no solo en una celebración religiosa multitudinaria, sino también en una temporada favorable para los emprendimientos y prestadores de servicios de Cordillera.





