La necesidad de definir anticipadamente la chapa presidencial de Honor Colorado comenzó a transformarse en un problema político para el propio oficialismo. A más de dos años de las elecciones generales de 2028 y cuando la prioridad del Partido Colorado debería estar concentrada en los comicios municipales del próximo 4 de octubre, la disputa por el compañero de fórmula de Pedro Alliana profundiza diferencias internas que el cartismo intentaba mantener bajo control.

Alliana ya fue instalado como el principal candidato de Honor Colorado para suceder a Santiago Peña. Su nominación anticipada fue presentada inicialmente como una herramienta para ordenar el movimiento, contener las aspiraciones internas y evitar que la competencia presidencial debilitara al oficialismo antes de las municipales.

Sin embargo, la definición del primer lugar de la chapa no calmó las tensiones. La pelea se trasladó inmediatamente a la candidatura a la Vicepresidencia y abrió una competencia entre los principales bloques de poder del cartismo: el Senado, la Cámara de Diputados, los gobernadores y el entorno político más cercano a Horacio Cartes.

El nombre que parte con mayor ventaja es el del ministro de Urbanismo, Vivienda y Hábitat, Juan Carlos Baruja. Cuenta con el apoyo de referentes de la bancada oficialista de la Cámara Alta, mantiene una relación cercana con Alliana y recibió señales favorables del propio Cartes.

Desde abril, senadores de Honor Colorado comenzaron a promover abiertamente su candidatura. El bloque comunicó al presidente de la ANR su intención de acompañar una eventual fórmula integrada por Alliana y Baruja, en una maniobra que buscaba instalar la sensación de que la discusión ya estaba prácticamente resuelta.

El propio vicepresidente alimentó esa interpretación al elogiar reiteradamente al ministro. Lo presentó como una figura leal, trabajadora y preparada, e incluso sostuvo que sería "un lujo" contar con él como compañero de fórmula.

Pese a ello, Alliana evitó oficializar la nominación. Reiteró que la decisión será anunciada después de las elecciones municipales y sostuvo que el nombre deberá surgir de un proceso de diálogo con los diferentes sectores del movimiento.

La frase que volvió a encender la interna

La tensión aumentó cuando Gustavo Leite regresó al Senado tras su paso por la Embajada paraguaya en Estados Unidos y dio por terminada la discusión. El legislador afirmó categóricamente que "la dupla es Alliana-Baruja y punto".

La declaración fue interpretada como un intento de imponer públicamente al candidato antes del plazo fijado por el propio vicepresidente. También generó malestar entre los sectores que reclaman participar en la decisión y que consideran que la Vicepresidencia no puede ser definida únicamente por el núcleo senatorial del cartismo.

Alliana respondió de manera inmediata. A través de sus redes sociales, aclaró que la posición de Leite no representaba en absoluto su postura y reiteró que anunciará a su compañero recién después de las municipales.

La desautorización pública expuso una fricción poco habitual dentro de Honor Colorado, un movimiento caracterizado por su disciplina interna y por la centralización de las decisiones alrededor de Cartes.

El vicepresidente buscó dejar en claro que no aceptará que otros dirigentes anuncien resoluciones en su nombre. También recordó que su cronograma político es conocido por el presidente de la República, el titular de la ANR, los legisladores y los gobernadores.

Aunque posteriormente volvió a reconocer que, si tuviera que decidir en este momento, elegiría a Baruja, advirtió que no aceptará imposiciones. Incluso señaló que existen otras figuras capacitadas para integrar la chapa y que su candidatura presidencial no puede estar condicionada por decisiones tomadas fuera del proceso acordado.

Los gobernadores reclaman su espacio

La resistencia más organizada a la candidatura de Baruja proviene de los gobernadores colorados. Los jefes departamentales consideran que el segundo lugar de la fórmula debería corresponder a uno de sus integrantes, como reconocimiento al peso territorial que poseen dentro del Partido Colorado.

El principal nombre promovido por ese sector es el del gobernador del Guairá, César "Cesarito" Sosa. Como titular del Consejo de Gobernadores, Sosa se convirtió en el vocero de un bloque que busca trasladar su influencia electoral a la futura estructura presidencial.

Los gobernadores argumentan que son ellos quienes administran las bases partidarias en el interior, movilizan estructuras y enfrentan directamente las necesidades de los municipios y departamentos. Desde esa posición, reclaman que la candidatura a la Vicepresidencia no sea monopolizada por senadores o ministros.

El grupo coordinó además con el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, la posibilidad de impulsar un nombre común. Latorre también fue mencionado inicialmente entre los aspirantes, aunque posteriormente negó que exista una candidatura formal y aseguró que acompañará la decisión que adopte el movimiento.

La presión de los gobernadores se hizo visible cuando varios de ellos se ausentaron de una plenaria convocada por Cartes. El faltazo fue interpretado como una señal de protesta ante el avance de Baruja y como una demostración de que las autoridades departamentales no estaban dispuestas a aceptar una definición sin ser consultadas.

Silvio "Beto" Ovelar cuestionó aquella ausencia y la calificó como un error estratégico. No obstante, admitió que detrás del vacío existía un reclamo concreto: los gobernadores pretendían contar con su propio candidato a la Vicepresidencia.

Una unidad cada vez más condicionada

En los últimos días, Sosa redujo el tono de la confrontación y aseguró que los gobernadores acompañarán al candidato que finalmente elija Alliana. También afirmó que la prioridad del bloque es que el actual vicepresidente llegue a la Presidencia de la República.

La declaración permitió instalar una tregua momentánea, pero no significó que los gobernadores renunciaran a su pretensión. El propio Sosa reiteró que preferirían que el compañero de Alliana fuera uno de los jefes departamentales.

El mensaje refleja la estrategia del sector: evitar una ruptura abierta antes de las municipales, pero mantener vigente su capacidad de negociación. Los gobernadores no cuestionan a Alliana como candidato presidencial, aunque sí reclaman tener participación real en la conformación de la fórmula.

Esa postura obliga al vicepresidente a buscar un equilibrio entre los diferentes centros de poder. Por un lado, debe preservar el respaldo de Cartes, del Senado y del bloque que impulsa a Baruja. Por otro, necesita evitar que los gobernadores y diputados se sientan excluidos de una decisión que impactará directamente en la distribución del poder dentro de un eventual gobierno.

Las municipales quedan atrapadas en la pelea de 2028

La discusión se produce en un momento particularmente incómodo para la ANR. El partido debería concentrar sus estructuras en las elecciones municipales de octubre, consideradas fundamentales para medir la fuerza territorial de Honor Colorado y consolidar el liderazgo del oficialismo.

Sin embargo, la adelantada pelea por la chapa presidencial amenaza con desplazar el foco. Cada sector comenzó a utilizar las municipales como una prueba de fuerza para demostrar quién puede aportar más votos y estructuras al futuro proyecto presidencial.

Los gobernadores buscarán exhibir resultados en sus departamentos. Latorre intentará consolidar su peso a través del desempeño de los candidatos respaldados desde Diputados, especialmente en Asunción. Baruja, por su parte, necesita demostrar que puede construir acuerdos más allá del Senado y del círculo cercano a Cartes.

La decisión de postergar el anuncio hasta después del 4 de octubre no frenó la competencia. En los hechos, convirtió las municipales en una interna anticipada entre los aspirantes a integrar la chapa.

Cada triunfo será presentado como una credencial para reclamar la Vicepresidencia. Cada derrota podrá reducir las posibilidades de los sectores involucrados.

El segundo lugar representa una disputa de poder

La pelea no se limita a los nombres de Baruja, Sosa o Latorre. Lo que está en juego es qué sector tendrá mayor influencia en la conducción de Honor Colorado y en un eventual gobierno encabezado por Alliana.

La candidatura de Baruja representaría una victoria del Senado, del comando más cercano a Cartes y del núcleo que pretende garantizar continuidad política dentro del oficialismo.

Una eventual nominación de Sosa significaría un reconocimiento al poder territorial de los gobernadores y abriría un espacio de mayor participación para los dirigentes del interior.

La figura de Latorre, en tanto, fortalecería a la Cámara de Diputados y a la estructura política que viene construyendo desde la conducción de ese cuerpo legislativo.

Por eso, ninguna de las partes observa la candidatura a vicepresidente como un simple complemento de la fórmula. El cargo representa acceso al poder, participación en las decisiones y una posición privilegiada dentro de la sucesión política del cartismo.

El apuro que amenaza la estrategia oficialista

La candidatura de Alliana había sido anunciada tempranamente para reducir la incertidumbre. El resultado, sin embargo, fue la apertura anticipada de otra disputa.

En lugar de ordenar completamente al movimiento, la definición presidencial trasladó las ambiciones hacia el segundo lugar de la chapa y aceleró una competencia que, según el cronograma del propio vicepresidente, debía esperar hasta después de las municipales.

El intento de algunos referentes de proclamar anticipadamente a Baruja terminó provocando el efecto contrario. Lejos de cerrar la discusión, fortaleció la coordinación de los gobernadores y obligó a Alliana a intervenir para evitar que la candidatura fuera interpretada como una imposición.

La pelea también expuso las limitaciones del liderazgo verticalista del cartismo. Aunque Cartes continúa siendo la figura central del movimiento, los gobernadores, legisladores y ministros comenzaron a reclamar mayor participación en las definiciones estratégicas.

La unidad de Honor Colorado se mantiene alrededor de la candidatura de Alliana, pero aparece cada vez más condicionada por la negociación de espacios. Ningún sector cuestiona abiertamente su postulación, aunque todos buscan asegurarse una posición dentro del futuro proyecto presidencial.

Una tregua que puede romperse después de octubre

Por ahora, los sectores enfrentados aceptaron públicamente esperar hasta después de las elecciones municipales. Baruja continúa como favorito, Sosa conserva el respaldo de una parte importante de los gobernadores y Latorre permanece dentro del tablero político.

La tregua permite al oficialismo evitar una fractura inmediata, pero no resuelve la pelea de fondo. Una vez conocidos los resultados municipales, cada bloque intentará presentar sus números como argumento para reclamar la candidatura.

Alliana buscará mantener la potestad de definir a su compañero, aunque deberá negociar con Cartes, los senadores, diputados y gobernadores. La decisión difícilmente será exclusivamente personal, porque involucra el equilibrio de poder dentro de todo el movimiento.

Honor Colorado llega así a las municipales con una contradicción evidente. Mientras su dirigencia reclama unidad y movilización para enfrentar los comicios, sus principales referentes ya disputan los cargos de una elección que recién se celebrará en 2028.

La tempranera pelea por la Vicepresidencia abrió grietas, generó vacíos en actos, provocó desautorizaciones públicas y expuso la falta de acuerdo dentro del oficialismo. La chapa todavía no está definida, pero la disputa por integrarla ya se convirtió en uno de los principales factores de tensión dentro de la ANR.