Inspirándose en los relatos bíblicos del nacimiento de Jesús y en la realidad concreta del pueblo paraguayo, el prelado dirigió su mensaje navideño a los paraguayos.

Es así que el cardenal invitó a vivir la Navidad como una alegría, recordando el anuncio del ángel a los pastores: “No teman; les traigo una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11).

Subrayó que esta alegría nace de la certeza de que Dios “entra en nuestra historia y camina con su pueblo”.

En su reflexión, Martínez evocó el Salmo 96 para destacar que la venida del Señor alcanza a toda la creación y que su reinado se funda en la justicia y la rectitud. En ese marco, presentó a Jesucristo como “la Luz del mundo” (Jn 8,12), una luz que sigue brillando sobre las casas, pueblos y ciudades.

En su homilía también citó la profecía de Isaías sobre el nacimiento del “Príncipe de la paz” (Is 9,5), destacando que el poder del Niño Jesús no se expresa en la violencia ni en el dominio, sino en el “servicio, cercanía y misericordia”.

En sintonía con la carta de San Pablo a Tito, el cardenal recordó que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos”, llamando así a vivir con sobriedad, justicia y fidelidad.

Uno de los ejes centrales de su mensaje navideño fue la opción por los más humildes.

Martínez recordó que el anuncio del nacimiento de Jesús fue confiado a los pastores, símbolo de los últimos y marginados, y que la Buena Noticia comienza por ellos.

El cardenal recordó el contenido del villancico paraguayo Dos trocitos de madera, de Maneco Galeano, vinculando así la tradición de la Navidad y el pesebre con la vida cotidiana del pueblo paraguayo, mencionando la mesa compartida, los frutos de la tierra y las experiencias de solidaridad comunitaria, como los proyectos sociales y estatales orientados a buscar una vivienda digna.

En ese contexto, destacó el trabajo realizado por la Pastoral Social, especialmente en el centro comunitario de la Chacarita, donde —según expresó— la fe se tradujo en compromiso concreto de niños, jóvenes, familias y trabajadores de diversos oficios que “se acercaron al pesebre para ofrendar su trabajo del año”.

Martínez afirmó que el camino de Jesús es pasar “haciendo el bien”, además de denunciar con firmeza “el mal, la corrupción y toda religiosidad vacía de amor”.

Asimismo, instó a valorar la vida en todas sus etapas, “desde la concepción hasta su pleno desarrollo”, y pidió acompañar con cercanía y esperanza a quienes sufren enfermedades graves.

El mensaje incluyó un fuerte llamado a la solidaridad activa, entendida no solo como gestos personales, sino también traducida en “políticas públicas justas y solidarias”.

Citando al papa Francisco en el documento pontificio Evangelii Gaudium, recordó que la política es “una de las formas más preciosas de la caridad” cuando busca el bien común, y en ese sentido, instó a vivir una “fe auténtica” que apunte a “promover tierra, techo, trabajo, salud y educación para todos”.

Finalmente, el cardenal subrayó la importancia de la oración en familia y de la construcción de la paz, incluso en contextos de carencia material.

“Alrededor del pesebre —afirmó— la esperanza no se apaga, al contrario, crece, iluminada por la fe, la esperanza y la caridad”.

El mensaje concluyó con una imagen sencilla y simbólica: “Dos trocitos de madera bastan. Un poco de barro, manos unidas y corazones abiertos”, como expresión de la buena noticia de la Navidad: “Dios vuelve a nacer entre nosotros”.