Fichado por el Primer Comando Capital (PCC) para comandar el ala paraguaya de las operaciones del cartel brasileño en el departamento de Canindeyú, la carrera de delincuente de Acosta Riveros tiene ribetes de terror, por el modus operandi del mismo, por un lado, y por desnudar la cara más fea de la justicia, por el otro: la de jueces que resolvieron que Macho, siendo asesino confeso y condenado a 25 años de cárcel, haya obtenido ‘alternativas’ de prisión y permisos para tratarse de enfermedades que nunca tuvo. Y que fueron utilizados para sus escapes, hartos sospechosos de haber sido fruto de “propinas”.

Alias Macho fue detenido por la Policía el 27 de abril del 2005, tras asesinar a su patrón, el colono japonés Iroyuko Arai, en la localidad de Tavavy, Alto Paraná. Lo mató porque, junto a otros peones, fueron descubiertos robando ganado del productor, a quien enterraron en su propiedad.

Condenado a 25 años de cárcel, estuvo hasta el 19 de mayo de 2011, cuando huyó del penal de Ciudad del Este. El hombre obtuvo un ‘permiso’ para ir hasta un sanatorio privado, por una supuesta dolencia de tuberculosis. En el lugar, los guardias que lo custodiaban, “no vieron” cuando el sujeto escapó por una de las ventanas.

El 10 de febrero del 2015 la Policía volvió a detenerlo, en la ciudad de Saltos del Guairá. Allí comenzaba su incursión en el negocio de la plantación y distribución de marihuana. Fue llevado al penal regional de San Pedro.

El 18 de febrero del 2016, Macho obtuvo otra gracia, esta vez del juzgado sampedrano, que le otorgó, insólitamente, alternativa de prisión, derivándole a guardar reclusión domiciliaria.

El juez Eliodoro García fue el que resolvió la benevolente medida. Al ser requerido sobre el tema, el mismo dijo que le dio la alternativa a Acosta, con anuencia de la fiscal Norma Solís y el médico forense Julio Zarza. Hasta ahora se desconoce el estado en que se encuentran los procesos que, según entonces, se abrió en torno a los que permitieron la huida del criminal más buscado del país.