El nuevo mes comienza este sábado con un sistema de tormentas que podría dejar ráfagas de hasta 90 kilómetros por hora, granizos y abundantes precipitaciones. Aunque todavía no se proyecta una inundación generalizada e inmediata de los grandes ríos, Meteorología advierte que El Niño ya está instalado, seguirá fortaleciéndose y podría potenciar los eventos severos durante la primavera y el verano.

Paraguay ingresará este sábado 1 de agosto en una etapa de creciente inestabilidad atmosférica, con un sistema de tormentas que afectará progresivamente a gran parte del territorio nacional y que aparece como el primer aviso concreto de un periodo que estará condicionado por la consolidación del fenómeno de El Niño.

La Dirección de Meteorología e Hidrología emitió este viernes un boletín especial en el que pronostica lluvias, tormentas eléctricas frecuentes, posibilidad puntual de granizos y ráfagas de viento cercanas a los 90 kilómetros por hora entre el sábado 1 y el domingo 2 de agosto.

Los acumulados de lluvia previstos se ubican entre 20 y 50 milímetros, aunque las cantidades podrían superarse localmente durante el desarrollo de las células de tormenta. El sistema ingresará inicialmente por el sur y suroeste para posteriormente desplazarse hacia el centro, este, norte y parte del Chaco.

El boletín incluye dentro de su área de cobertura a Ñeembucú, Misiones, Itapúa, Caazapá, Guairá, Paraguarí, Central, Asunción, Cordillera, Caaguazú, Alto Paraná, Canindeyú, San Pedro, Concepción, Amambay, Presidente Hayes y Alto Paraguay. El impacto no será simultáneo ni uniforme, sino que dependerá del avance del sistema durante el fin de semana.

Para Asunción, el pronóstico actualizado prevé un sábado cálido, con cielo parcialmente nublado a nublado, vientos inicialmente del noreste y posteriormente variables, además de lluvias dispersas con ocasionales tormentas eléctricas. La inestabilidad podría reaparecer el lunes y continuar durante parte de la próxima semana.

Agosto comienza con lluvias por encima del promedio

Más allá del episodio previsto para este fin de semana, los pronósticos subestacionales muestran que las lluvias podrían mantenerse por encima de los valores habituales durante los primeros días de agosto.

El informe emitido por Meteorología el 30 de julio señala que, entre el 29 de julio y el 4 de agosto, predominarían precipitaciones superiores al promedio semanal en gran parte del país. Para la semana comprendida entre el 5 y el 11 de agosto, el comportamiento sería más irregular, aunque seguirían existiendo sectores con condiciones favorables para nuevos episodios de lluvia.

El mismo documento anticipa temperaturas superiores al promedio semanal en todo Paraguay durante ambas semanas. Esta combinación de temperaturas relativamente elevadas para la época, humedad disponible e ingreso de sistemas frontales puede favorecer la formación de tormentas con mayor energía.

El director de Meteorología, Eduardo Mingo, explicó que una de las primeras señales de El Niño en Paraguay podría ser precisamente un invierno menos riguroso. Los frentes fríos seguirán ingresando, pero existe la posibilidad de que no estén acompañados por masas de aire polar tan intensas como las que normalmente provocan heladas o descensos extremos de temperatura.

Según Mingo, El Niño no se origina en Paraguay, sino en el océano Pacífico ecuatorial, frente a las costas de Perú y Ecuador. El calentamiento anormal del océano transfiere energía hacia la atmósfera y modifica la circulación de los vientos y los patrones de lluvia a escala mundial.

El Niño ya está instalado y continuará fortaleciéndose

Los principales organismos internacionales de vigilancia climática coinciden en que El Niño ya se encuentra presente y que seguirá fortaleciéndose durante los próximos meses.

El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos confirmó la presencia del fenómeno y estimó una probabilidad del 97% de que se mantenga hasta comienzos de la primavera de 2027 en el hemisferio norte, equivalente al final del verano e inicio del otoño del próximo año en esta parte del continente.

La actualización del organismo estadounidense, publicada el 9 de julio, asigna además una probabilidad del 81% de que El Niño alcance una categoría muy fuerte durante el trimestre octubre-diciembre de 2026.

La Organización Meteorológica Mundial también había advertido que las probabilidades de persistencia del fenómeno se mantendrían cercanas o superiores al 90% durante los trimestres comprendidos entre julio y noviembre. La mayoría de los modelos proyecta un evento al menos moderado, con posibilidades de alcanzar una intensidad fuerte.

En Paraguay, un informe elaborado por la Dirección de Meteorología ya había indicado en junio que el calentamiento del Pacífico superó los umbrales operativos de El Niño y que las anomalías podrían intensificarse hasta finales de año.

Las proyecciones analizadas por la institución mostraban que la temperatura superficial del Pacífico central podría alcanzar anomalías de entre 2,5 y 2,9 grados Celsius hacia finales de 2026. El reporte calculaba una probabilidad superior al 60% de que el episodio ingresara en la categoría de "muy fuerte" desde la primavera.

Sin embargo, la intensidad de la anomalía en el océano no determina automáticamente que todos los países sufran una catástrofe de iguales proporciones. Los efectos dependen de la ubicación del calentamiento, la circulación atmosférica, la temperatura del Atlántico, la humedad disponible y la interacción con sistemas regionales.

Tormentas más potentes, el principal riesgo para Paraguay

Para Paraguay, el riesgo más inmediato no es necesariamente una crecida súbita y generalizada del río Paraguay, sino la posibilidad de que los sistemas de tormentas habituales reciban una carga adicional de energía.

Mingo explicó que la primavera y el verano ya son, por naturaleza, temporadas de lluvias, vientos fuertes, granizos y descargas eléctricas. La presencia de El Niño puede intensificar esos procesos, aumentando la probabilidad de precipitaciones abundantes en periodos cortos, ráfagas destructivas y tormentas eléctricas severas.

"En primavera y verano, en nuestro país siempre son lluviosos, hay tormentas, hay granizos, a veces hay árboles que caen producto de esas tormentas que generan viento, que es normal, pero El Niño puede intensificar o darle un poquito más de energía", explicó el titular de Meteorología.

Uno de los indicadores que será observado durante agosto es la denominada tormenta de Santa Rosa, tradicionalmente asociada con los últimos días del mes, aunque puede adelantarse o retrasarse. Para los especialistas, ese periodo puede marcar el inicio de una atmósfera más activa en la transición hacia la primavera.

Mingo señaló que el fenómeno podría comenzar a expresar con mayor claridad sus efectos regionales durante agosto, consolidarse en septiembre y alcanzar su mayor influencia durante la primavera y el verano de 2027.

Por esa razón, el sistema de tormentas previsto para este fin de semana no debe ser presentado automáticamente como una consecuencia directa y exclusiva de El Niño. Se trata de un episodio meteorológico de corto plazo que coincide con una atmósfera que comenzará a estar cada vez más influenciada por el calentamiento del Pacífico.

El peligro inicial está en las ciudades

El principal riesgo durante las tormentas intensas será la aparición de inundaciones pluviales o repentinas. Estas ocurren cuando cae una gran cantidad de agua en pocos minutos o pocas horas y los sistemas de desagüe no tienen capacidad suficiente para evacuarla.

En Asunción y las ciudades del Departamento Central, este tipo de precipitación puede convertir rápidamente avenidas y calles en raudales. La basura acumulada en sumideros, arroyos y canales aumenta la velocidad y la profundidad del agua, además de bloquear los desagües.

Mingo diferenció este escenario de una inundación fluvial. La crecida de un río constituye un proceso más lento, que depende de lluvias persistentes sobre toda la cuenca, incluyendo las nacientes ubicadas fuera del territorio paraguayo.

"Puede haber inundaciones repentinas, súbitas o pluviales en la ciudad y eso después va a parar al cauce principal", explicó. Agregó que una crecida estacional sostenida de los ríos, en caso de producirse, tendría mayores posibilidades de aparecer durante 2027, luego de varios meses de precipitaciones acumuladas.

El pronóstico hidrológico trimestral correspondiente a julio, agosto y septiembre anticipa lluvias superiores a las normales en gran parte del país y especialmente en la cuenca del río Paraguay. No obstante, el propio documento aclara que estos modelos estadísticos no pueden utilizarse para pronosticar inundaciones repentinas ni ofrecen niveles puntuales garantizados.

Al cierre de julio, los niveles observados en varias estaciones del río Paraguay todavía se encontraban lejos de sus máximos históricos. Fuerte Olimpo registraba 4,14 metros; Bahía Negra, 4,09; y Vallemí, 3,02 metros. Esto muestra que no existe actualmente una situación de desborde generalizado, aunque la evolución de las lluvias deberá ser monitoreada durante los próximos meses.

Meteorología evita hablar de una catástrofe inevitable

Aunque las proyecciones internacionales señalan que El Niño puede alcanzar una intensidad muy elevada, Eduardo Mingo pidió evitar que la advertencia sea interpretada como el anuncio inevitable de una catástrofe nacional.

El director de Meteorología sostuvo que cada episodio tiene un comportamiento particular y que no existe un fenómeno de El Niño idéntico a otro. Incluso los eventos con índices oceánicos similares pueden distribuir las lluvias de manera completamente diferente.

El episodio de 2023-2024, por ejemplo, tuvo una mayor influencia sobre la cuenca del río Paraná y produjo inundaciones en sectores de Ñeembucú, Misiones e Itapúa, mientras que áreas del Chaco atravesaron periodos con déficit de precipitaciones.

"Lo catastrófico como tal, no me gustaría pasar eso a todos los ámbitos", afirmó Mingo. Señaló que el nivel final de afectación dependerá también de la preparación de municipios, gobernaciones, organismos de emergencia y comunidades vulnerables.

El especialista explicó que mejores sistemas de drenaje, limpieza de cauces, infraestructura resistente, alertas tempranas y planes de evacuación pueden impedir que una tormenta intensa termine convirtiéndose en una tragedia.

La posición de Meteorología contrasta parcialmente con el tono de alarma expresado por el ministro de la Secretaría de Emergencia Nacional, Arsenio Zárate, quien habló de un escenario "bastante crítico" porque el fenómeno no sería débil, sino muy fuerte.

Las dos afirmaciones no son necesariamente contradictorias. Una se refiere a la intensidad potencial del fenómeno oceánico y a la necesidad de prepararse; la otra advierte que un El Niño muy fuerte no garantiza por sí mismo una inundación catastrófica en todo Paraguay.

El recuerdo de 1983 y las grandes inundaciones

Las autoridades mantienen como referencia los eventos históricos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, periodos en los que la combinación de El Niño y lluvias persistentes provocó importantes crecidas.

En mayo de 1983, el río Paraguay alcanzó los 9,01 metros frente al puerto de Asunción, uno de los registros más elevados de la historia. Miles de familias fueron desplazadas y extensas zonas ribereñas quedaron bajo agua.

Mingo recordó también que el evento de 1997-1998 produjo lluvias extraordinarias en varias partes de Sudamérica, mientras que el episodio de 2015 provocó una prolongada emergencia en Asunción, Ñeembucú y otros departamentos.

Sin embargo, insistió en que estos antecedentes deben utilizarse para preparar protocolos y no para asegurar que el escenario se repetirá exactamente. El comportamiento de cada episodio depende de múltiples variables y puede concentrar sus efectos en cuencas diferentes.

Chile ya sufrió el impacto de lluvias torrenciales

Mientras Paraguay se prepara para los próximos meses, varios países de Sudamérica ya han enfrentado episodios severos de lluvia durante julio.

En Chile, un potente sistema frontal golpeó las regiones centrales y del sur, especialmente Biobío. Las tormentas dejaron al menos tres fallecidos, cientos de personas albergadas o aisladas, inundaciones, cortes de rutas y más de 250.000 usuarios sin energía eléctrica.

El temporal también obligó a suspender clases y paralizar temporalmente operaciones superficiales en instalaciones mineras debido a las lluvias y la acumulación de nieve.

Estos eventos ocurrieron en pleno invierno austral y forman parte de una sucesión de sistemas frontales intensos. No todos pueden ser atribuidos directamente a El Niño, especialmente porque el fenómeno recién está consolidando su influencia atmosférica.

No obstante, el calentamiento del Pacífico eleva la preocupación por lo que pueda ocurrir cuando el episodio alcance su máxima intensidad hacia el último trimestre del año.

El sur de Brasil vuelve a ponerse en alerta

La atención regional también está concentrada en el sur de Brasil, una zona estrechamente conectada con Paraguay por las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay.

Durante julio, las lluvias en las cuencas hidroeléctricas del sur brasileño alcanzaron el 256% del promedio histórico. Los embalses, que en abril estaban en torno al 30% de su capacidad, subieron hasta aproximadamente el 88%.

Especialistas brasileños aclararon que esas lluvias todavía no pueden ser consideradas un efecto directo de El Niño. Sin embargo, prevén que el fenómeno comience a influir con mayor fuerza sobre el sur de Brasil durante las próximas semanas.

Empresas operadoras de centrales hidroeléctricas ya adelantaron sus protocolos de emergencia, realizaron pruebas de vertederos y reforzaron la comunicación con comunidades ubicadas aguas abajo.

El temor está asociado al antecedente de las inundaciones de 2024 en Rio Grande do Sul, que destruyeron ciudades, interrumpieron servicios y obligaron a varias centrales hidroeléctricas a detener temporalmente sus operaciones.

Para Paraguay, la situación del sur brasileño resulta especialmente relevante. Las lluvias persistentes sobre la cuenca alta y media del Paraná pueden trasladarse posteriormente hacia los embalses y cauces compartidos, afectando los niveles de los ríos y las operaciones de las hidroeléctricas.

Perú enfrenta un El Niño Costero de gran magnitud

La franja costera de Perú y Ecuador constituye otra zona especialmente sensible. Allí, el calentamiento del océano ya presenta anomalías severas y está modificando ecosistemas marinos, actividades pesqueras y cultivos.

En Perú se registraron temperaturas invernales inusualmente elevadas, desplazamiento de especies, alteraciones en la disponibilidad de anchoveta y daños en cultivos. Las autoridades declararon en emergencia cientos de distritos ante la posibilidad de lluvias intensas, inundaciones y sequías diferenciadas según la región.

El comportamiento en la costa peruana no puede trasladarse mecánicamente a Paraguay. El denominado Niño Costero tiene impactos directos sobre Perú y Ecuador, mientras que el efecto sobre el centro de Sudamérica depende de la consolidación del calentamiento en el Pacífico central y de sus teleconexiones atmosféricas.

Una región expuesta a impactos opuestos

El Niño no produce el mismo efecto en toda América del Sur. Mientras el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y el nordeste argentino suelen tener una mayor probabilidad de lluvias superiores al promedio, sectores de la Amazonía brasileña pueden enfrentar condiciones más secas.

Los científicos brasileños advierten que el mismo fenómeno que podría incrementar las lluvias en el sur elevaría el riesgo de sequía en el norte y en parte de la Amazonía. La magnitud de ese déficit dependerá también de la temperatura del océano Atlántico.

En Perú y Ecuador pueden producirse lluvias extremas en las zonas costeras, mientras que áreas de montaña o del interior pueden experimentar falta de agua. Chile puede recibir sistemas de lluvia más intensos en algunas regiones y condiciones secas en otras.

Esta distribución desigual explica por qué no es correcto hablar de El Niño como una gran tormenta que "ingresa" físicamente a Paraguay. Se trata de un fenómeno oceánico-atmosférico que modifica probabilidades y aporta energía a determinados patrones meteorológicos.

Preparativos antes del periodo más crítico

La Secretaría de Emergencia Nacional, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, municipios y gobernaciones comenzaron tareas preventivas ante los meses de mayor riesgo.

Las acciones incluyen limpieza de arroyos y canales, retiro de residuos, mantenimiento de alcantarillas, identificación de asentamientos vulnerables, revisión de refugios temporales y preparación de mecanismos de evacuación.

Entre los cauces considerados más conflictivos en Asunción y Central se encuentran el arroyo Morotî, los cursos de agua cercanos a Cateura, Villa Antelco y el Bañado Norte. También se desarrollan intervenciones en Limpio, Mariano Roque Alonso, Luque, Nueva Italia, Villeta y San Lorenzo.

La vulnerabilidad no depende únicamente de la cantidad de lluvia. Una tormenta de 50 milímetros puede causar daños graves en una ciudad con desagües obstruidos, construcciones precarias o familias asentadas en las márgenes de los arroyos, mientras que una infraestructura preparada puede soportar cantidades mayores.

Agosto será apenas el comienzo

El sistema de tormentas previsto para el primer fin de semana de agosto representa una advertencia inmediata, pero no necesariamente el punto de máxima influencia de El Niño.

Las proyecciones sitúan el fortalecimiento más importante entre septiembre y diciembre, con posibilidad de extenderse durante los primeros meses de 2027. Ese periodo coincidirá con la temporada naturalmente más lluviosa y calurosa de Paraguay.

Por ahora, Meteorología prevé para este fin de semana acumulados de entre 20 y 50 milímetros, ráfagas cercanas a 90 kilómetros por hora, granizos puntuales y descargas eléctricas frecuentes. La amenaza más inmediata estará en los raudales, la caída de árboles, los cortes de energía y los daños localizados.

A mediano plazo, el país deberá observar la persistencia de las precipitaciones sobre las ciudades y las grandes cuencas. Solo una acumulación sostenida durante varios meses podría traducirse posteriormente en una crecida significativa de los ríos.

El Niño será probablemente muy fuerte en el océano Pacífico. La dimensión de sus consecuencias en Paraguay, sin embargo, todavía dependerá de dónde, cuándo y con qué intensidad se desarrollen las tormentas, así como de la capacidad del país para prepararse antes de que llegue la etapa más activa.