En relación con la localización y trayectoria de los disparos, Lemir precisó que uno de los proyectiles ingresó en la región submentoniana del lado derecho con una trayectoria horizontal de adelante hacia atrás y de derecha a izquierda. El segundo impacto se situó en la parte superior del cuello, en la zona retroauricular izquierda, con una dirección de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha, configurando lo que técnicamente definió como trayectorias cruzadas. Las esquirlas y elementos metálicos extraídos del cuerpo fueron entregados al Departamento de Criminalística de la Policía Nacional para las pericias balísticas.
Respecto a la distancia desde la cual se ejecutaron los disparos, la inspección macroscópica inicial no detectó signos de disparos a boca de fuego apoyada ni a distancia extremadamente corta. No obstante, el equipo forense extrajo muestras microscópicas mediante cintas plásticas y biopsias de los orificios de entrada para evaluar la eventual presencia de microincrustaciones de pólvora o tatuajes delebles, cuyos resultados integrarán el informe final.
Por otra parte, el Dr. Lemir aclaró que la evaluación del cadáver descartó la presencia de heridas incisas o cortantes atribuidas al uso de un arma blanca. El médico sostuvo como hipótesis inicial que las múltiples lesiones contusas, escoriativas e incluso una herida punzante detectada en el lado izquierdo del rostro son compatibles con el mecanismo de caída del rodado en movimiento y el contacto con partes metálicas de la motocicleta o la estructura del manubrio durante la colisión.
Las conclusiones médicas y los elementos balísticos recabados en la morgue judicial serán puestos a disposición de la fiscala del caso, Norma Salinas, e integrados con las imágenes de video y los peritajes de la reconstrucción accidentológica a cargo de Investigación de Homicidios para precisar la secuencia mecánica final del hecho.



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