Esta polarización se manifestó de manera evidente en el recinto parlamentario el pasado miércoles. Un grupo de senadores de la oposición, entre gritos y pancartas, intentó sabotear la toma de juramento de Pucheta, buscando dejar sin quórum la ceremonia. En medio de este tenso ambiente, el siempre polémico senador colorado Basilio Núñez protagonizó un enfrentamiento con su colega liberal Eduardo Nakayama, quien estaba grabando la escena con su teléfono celular. En un lamentable episodio, «Bachi» intentó expulsar a Nakayama del recinto a empujones, desatando una reacción vehemente por parte de ambos.

Estos actos de suma bajeza revelan la escasa calidad moral de aquellos que se autodenominan los verdaderos representantes del pueblo paraguayo. Nos encontramos muy lejos de los Congresos de la década de 1990, donde el nivel intelectual y el respeto en el debate eran considerablemente superiores, a pesar de las críticas habituales a la clase política de ese entonces.

Es imperativo que se recupere el decoro perdido hace ya varios años. Los congresistas deben abordar con altura y seriedad los problemas históricos que enfrenta Paraguay. Es necesario dejar de lado las confrontaciones estériles y trabajar en pos de la construcción de un país más justo y próspero. La ciudadanía espera, merecidamente, un comportamiento ejemplar por parte de sus representantes en el Congreso, lejos de la vergonzosa exhibición que presenciamos recientemente.