Los microbios que viajen con los astronautas pueden sobrevivir en las zonas en sombra del polo sur de la Luna y contaminar la búsqueda de rastros de vida pasada allí y, más adelante, en Marte, según un estudio de la NASA publicado este miércoles en la revista ‘Science Advances’.

Los investigadores sometieron organismos a pruebas en simulaciones de tres regiones cercanas al polo sur lunar: el borde del cráter Nobile, la Cresta de Conexión y el borde del cráter De Gerlache. El resultado son mapas de «nichos de supervivencia» donde se ven microbios que van desde el fondo de un cráter de varios kilómetros hasta la huella de una bota.

El equipo probó cinco microorganismos habituales en la piel humana y en el interior de las naves, calculando cuánto calor y radiación ultravioleta aguanta cada uno. El más resistente fue el hongo Aspergillus niger, que aguantó incluso donde llega algo de sol, pese a que la radiación ultravioleta se emplea para esterilizar hospitales.

«Habría esperado que estos microbios se hubieran secado», dijo el geomicrobiólogo de la NASA y coautor del estudio, Aaron Regberg.

Llevar microbios es inevitable: hasta en un trozo de piel del tamaño de la goma de un lápiz hay un millón de bacterias que se desprenden de los trajes y hábitats. Las naves robóticas se hornean a más de 204 grados centígrados para matarlos, pero con tripulación a bordo eso no es posible.

En el polo sur lunar, como el eje apenas está inclinado, el Sol nunca se levanta del horizonte. Las crestas de los cráteres dejan sombras permanentes y frías que conservan agua y protegen de la radiación.

La NASA prevé enviar en 2028 la primera misión tripulada a la superficie lunar en más de medio siglo.