El jefe de Estado ha repetido varias veces que él no tiene injerencia en el Poder Judicial ni la Fiscalía; sin embargo, también ha dicho que en su gobierno no se tolerará ningún tipo de corrupción, repitiendo la ya famosa frase de ‘caiga quien caiga’.
Es cierto que en las cámaras del Congreso hay varios legisladores que tienen cuentas pendientes con la justicia, algunos en calidad de imputados y otros investigados. Sin embargo, el caso de Quintana y Cuevas pareciera emblemático, no solo por pertenecer al círculo áulico del poder, sino porque en el caso del esteño, es la primera vez que un diputado en ejercicio termine preso, y Cuevas bien puede ser el segundo.
Lo que preocupa a varios analistas es que Abdo Benítez no haya tenido algún tipo de reacción. Si no quiere “abrirse” de ellos, por lo menos tendría que dejar de mostrarlos tan cerca suyo, ya que debe convencer de que su postura en contra de los corruptos y delincuentes es cierta.
Además, si bien no parece tener una abierta injerencia en el Poder Judicial y la Fiscalía, no podemos ignorar todas las presiones que recibieron los agentes fiscales, por parte del vicepresidente Hugo Velázquez, durante la primera parte de la prisión preventiva de Quintana.
En cuanto a Cuevas, de desastrosa y sucia administración tanto en la Gobernación de Paraguarí como en la Cámara de Diputados, el presidente lo exhibe a su lado, casi de manera orgullosa, como ocurrió durante la última visita que realizó al noveno departamento, como dando a entender que todos los indicios, pruebas y críticas en contra del diputado no tienen importancia para él.
Que no los repudie si no le da el cuero, pero que tampoco presuma tanto de ambos. Decir que Quintana “sigue perteneciendo a Colorado Añetete”, como si se tratara de un héroe y diera honor a su movimiento, es un error político considerable.



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