Está lejos de la Ruta PY07 (ex supercarretera) y pese a que sus vecinos Santa Fe del Paraná y San Alberto tienen una importante inversión vial, pero Mbaracayú que tiene el servicio de balsa en la zona de Puerto Indio,¡ para llevar la producción agrícola por el lago Itaipú, hace décadas que soporta el problema de la falta de caminos de todo tiempo con las incumplidas promesas de las autoridades de turno.
Al menos 200 camiones con soja, cada semana, cruzan al Brasil y nuestro país importa insumos agrícolas para los cultivos intensivos. Actualmente, la balsa con bandera brasilera traslada hasta 16 camiones de una frontera a otra. En días de lluvia, quedan varados y se paraliza la actividad y cuando el tramo está seco, el inmenso polvo de la tierra roja es un riesgo para la visibilidad de los conductores.
Hasta ahora, están expectantes a la ejecución del préstamo de USD 100 millones concedido por el Banco de Desarrollo de América Latina – CAF para el asfaltado de 68 kilómetros, desde la Ruta PY07 hasta el lago Itaipu, donde funciona el servicio de balsas para el transporte de gramos e insumos agrícolas entre Paraguay y Brasil.
El pavimento pétreo se tiene solamente en algunos tramos del casco urbano del distrito y luego ya se debe lidiar con la polvorienta tierra roja en todos los tramos, a diferencia de sus vecinos que cuentan con una importante extensión de caminos de todo tiempo.
SIN SERVICIOS PÚBLICOS NI PRIVADOS
Pese a que algunas multinacionales dedicadas al agronegocio tienen sus oficinas en Mbaracayú, no se tiene infraestructura como alojamientos, restaurantes, estaciones de servicio y otros emprendimientos que son útiles y necesarios para la ciudadanía. Muchas gestiones de ese tipo, los mbaracayuenses deben hacerlo en San Alberto o en Santa Fe del Paraná.
Las instituciones públicas también son pocas en el lugar y, las que están, operan con recursos limitados, como son las sedes policiales que están en el casco urbano y las colonias que conducen hacia la zona de la balsa y las reservas de la Itaipú Binacional. Son pocas las instituciones educativas y no hay opciones para ninguno que quiera continuar los estudios universitarios.
Confían, los lugareños, que, si logran el anhelado sueño del asfalto para la comunidad, las cosas cambiaran radicalmente para bien y se notará el crecimiento de la urbe que, en muchos casos, por cuestiones políticas, sigue rezagada por las autoridades nacionales.



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