En Pedro Juan Caballero, en Capitán Bado, en Bella Vista, la denuncia es la misma: el menú no llega completo, llega tarde, llega frío, o directamente no llega. Hay escuelas que siguen sin cocina, sin comedor, donde los directores tienen que hacer malabares en la biblioteca para calentar la comida.
Pero en la foto de arriba, los 17 gobernadores, incluido Juancho Acosta de Amambay, posan sonrientes, con el sobre en la mano, en Mburuvicha Róga, después de firmar el convenio.
Abajo, la otra foto: un niño paraguayo, en un aula de tierra, con el plato vacío, apoyando la cabeza. Esa es la realidad que no sale en las fotos oficiales.
HAMBRE CERO ES UN PROGRAMA PARA LLEVAR ALIMENTOS A LAS ESCUELAS. ¡REPUDIO!
El repudio no es al programa en sí, que en teoría es necesario. El repudio es al manejo político, a la falta de control, a la transformación de la educación en un negocio y en un botín electoral, como denunció esta misma semana la OTEP.
¿Cómo puede ser que se manejen G. 2,9 BILLONES DE GUARANÍES por año y todavía haya niños que se quedan sin comer?
¿Dónde está la rendición de cuentas de Amambay? ¿Cuánto cuesta cada plato? ¿A quién se le compra? ¿Qué comieron los niños ayer?
Hasta hoy, silencio total.





