Italia es el país con más pacientes con este mal, con 594 casos confirmados (con 41 decesos) según el último boletín semanal del Instituto Superior de Sanidad (ISS), que contabiliza datos hasta el 8 de septiembre. De todos esos casos, 306 corresponden a la forma neuroinvasiva, la más grave de la enfermedad, cinco de ellos importados de las Maldivas, Francia, Bélgica, Grecia y Países Bajos.
El informe recoge también 81 casos asintomáticos detectados en donantes de sangre, 202 casos de fiebre, uno de ellos importado de Burkina Faso, cuatro con otros síntomas y un caso asintomático. La letalidad de las formas neuroinvasivas autóctonas se sitúa actualmente en el 13,3 %, frente al 15 % registrado durante el mismo periodo de 2025. El año pasado, a estas alturas, se habían notificado 582 casos y 39 fallecimientos.
Culpa del cambio climático
En Grecia, en tanto, la Organización Nacional de Salud Pública informó de 30 fallecimientos por esta enfermedad, seis de ellos en esta semana. Los infectados, en tanto, suman 324. En lo que va de 2026, el número de decesos provocados por la enfermedad supera en un 233 % el de todo el año pasado, cuando hubo 96 infectados, de los que nueve murieron. La edad media de los fallecidos es de 84 años.
La mayoría de los casos se han registrado en el este de la región de Ática, en el sur de Grecia, y en los suburbios del norte de Atenas, donde más de una veintena de municipios se encuentran en estado de alerta. También en Macedonia del Norte se han registrado muertes: cinco entre 43 contagios.
En Países Bajos, en tanto, tres personas han muerto por esta enfermedad, que ha dejado 18 casos en total, el primero de ellos detectado en agosto. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las temperaturas más cálidas causadas por el calentamiento global, han permitido que el mosquito cuya picada transmite la enfermedad haya ampliado su rango de acción.
DZC (EFE, Reuters)



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