El expresidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, sacudió el tablero político al arremeter frontalmente contra la conducción económica del gobierno de Santiago Peña, exponiendo una profunda fractura interna dentro del Partido Colorado.
Duarte Frutos no guardó reparos para cuestionar la falta de «experiencia de Estado» en el entorno presidencial, abriendo un debate sobre el rumbo técnico y político del Poder Ejecutivo.
Vale recordar que Duarte Frutos y Dionisio Borda son los padres de la criatura, es decir, de la solidez macro paraguaya. Cuando asumieron, el país estaba en default.
El error de la "economía de guerra" y las contradicciones fiscales
El principal foco de cuestionamiento de Duarte Frutos radica en las estrategias comunicacionales y presupuestarias implementadas antes del relevo en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).
El expresidente tildó de error estratégico el uso del término «economía de guerra», una frase acuñada oficialmente para justificar el desajuste de USD 600 millones provocado por la abrupta caída de las recaudaciones y las proyecciones erróneas del tipo de cambio del dólar.
Según Nicanor, esta retórica generó una innecesaria alarma en la ciudadanía y en los sectores económicos. Argumentó que el Ejecutivo debió responder con medidas severas de austeridad interna en lugar de limitarse al impacto discursivo.
"No sustituyamos la necesidad de la transparencia y de decir la verdad al pueblo por la mentira o la simulación", aseveró enérgicamente el exmandatario al criticar lo que consideró una desconexión entre el discurso de crisis y el gasto público real.
El cañón de las críticas también apuntó al despilfarro y la creación de rubros presupuestarios superfluos. Duarte Frutos denunció que, mientras la población asimilaba el mensaje del ajuste de cinturones, el aparato estatal continuaba generando puestos e incrementos irrelevantes dentro del Ejecutivo, socavando la legitimidad de las reformas promovidas desde el Palacio de Gobierno.
"Mercachifles" vs. burócratas de Estado
La salida de Carlos Fernández Valdovinos mediante el Decreto N.º 5706 a finales de marzo, tras el desgaste político por la polémica reforma de la Caja Fiscal y los reclamos de diversos sectores sociales, expuso las grietas en el movimiento oficialista Honor Colorado. No obstante, lejos de apaciguar las aguas, el recambio interino reavivó los reclamos del ala tradicional del coloradismo, representada por figuras como Duarte Frutos.
El expresidente fue tajante al describir al entorno que hoy rodea y asesora a Santiago Peña, señalando que la administración carece de verdaderos hombres de Estado con trayectoria institucional. En contraste, recordó la gestión de exministros de Hacienda de perfil técnico, pero con sensibilidad burocrática, como Dionisio Borda o César Barreto.
Para Duarte Frutos, el actual esquema gubernamental está copado por «mercachifles», término que utilizó de forma despectiva para referirse a negociantes o técnicos orientados puramente al sector privado que priorizan la simulación política por encima de las realidades macroeconómicas de la calle.
Asimismo, calificó de «soberbia» la lentitud del mandatario para reaccionar a tiempo ante el quiebre de su frente fiscal.
Este enfrentamiento discursivo no solo pone en evidencia el quiebre de lealtades internas, sino que además siembra dudas sobre la cohesión partidaria con miras a las dinámicas electorales y legislativas futuras, instalando el debate de si el modelo eminentemente tecnócrata de Peña podrá sostenerse frente a la creciente presión de la dirigencia histórica republicana.
Sistema financiero
En lo que representa uno de los quiebres discursivos más profundos y frontales dentro de la Asociación Nacional Republicana (ANR) desde la asunción del actual periodo constitucional, el expresidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, ha lanzado una severa ofensiva contra la gestión económica del mandatario Santiago Peña.
Tratamos de obtener una exclusiva desde El Nacional, pero no hubo respuesta al cierre de esta edición. Sus declaraciones en medios radiales no solo han apuntado a la falta de cintura política del Ejecutivo, sino que han perforado el núcleo más protegido del relato oficialista: la pretendida excelencia e inexpugnabilidad de la banca matriz y el rumbo macroeconómico del país.
Duarte Frutos desnudó las tensiones internas del coloradismo y recurrió a términos inusualmente duros para describir la coyuntura institucional en conversación con la 1080 AM.
El exjefe de Estado alertó que el país se encamina hacia un escenario de desencanto popular generalizado debido a lo que calificó como una «autoglorificación» estéril por parte del gabinete económico, una alarmante improvisación administrativa y un entramado de intereses corporativos que amenaza la credibilidad histórica del sistema financiero paraguayo.
Puerta giratoria
El capítulo más urticante de las declaraciones de Duarte Frutos se concentró de forma exclusiva en el Banco Central del Paraguay (BCP). Para el exmandatario, la institución encargada de velar por la estabilidad monetaria y la rigurosa supervisión del sistema financiero civil ha sufrido una grave degradación ética provocada por la supuesta dinámica de las «puertas giratorias» y la superposición de intereses privados en la función pública.
El blanco directo de sus críticas fue Carlos Carvallo Spalding, actual presidente de la banca matriz. Duarte Frutos cuestionó con vehemencia el origen inmediato de Carvallo, quien antes de asumir el máximo cargo regulador del Estado se desempeñaba como presidente de Ueno Bank, entidad bancaria de vertiginoso crecimiento y en la cual el propio presidente de la República, Santiago Peña, reconoció haber poseído acciones y participación a través de Ueno Holding.
«Yo no puedo ser presidente de la República y mantener en el Banco Central a alguien que fue presidente de un banco y, más todavía, de un banco fuertemente vinculado al poder político actual. Hay un conflicto de intereses gravísimo», sentenció el exlíder colorado.
Duarte Frutos fue aún más allá al calificar la actual atmósfera de la banca central con una metáfora demoledora: «El BCP se convirtió en un garito por indicaciones del Ejecutivo».
Con esta afirmación, denunció que la solidez técnica edificada con cautela en el BCP a lo largo de las últimas dos décadas está siendo sacrificada para favorecer intereses de facciones empresariales específicas.
Asimismo, repudió las maniobras destinadas a colocar fondos públicos sensibles —como los recursos del Instituto de Previsión Social (IPS) y los encajes de la Caja Fiscal— de manera discrecional en el sistema privado, exponiendo el ahorro de los trabajadores a riesgos innecesarios en favor de minorías financieras.
Fantasía económica
El análisis del expresidente no se detuvo en la regulación bancaria; también desmanteló el legado de la conducción económica general, apuntando de forma implícita y explícita al desempeño de Carlos Fernández Valdovinos al frente del Ministerio de Economía.
Duarte Frutos contrastó la retórica gubernamental de «éxito macroeconómico» y la obtención del grado de inversión con la realidad diaria de la ciudadanía y los sectores productivos genuinos, que hoy enfrentan dificultades extremas.
El exmandatario recordó la severa crisis financiera que le tocó gestionar al asumir la presidencia en el año 2003, enfatizando que la salida a las recesiones reales requiere patriotismo, contención real del gasto y sensibilidad social, no recetas de pizarrón que ignoran las necesidades del pueblo.
«En el Gobierno se produce una especie de autoglorificación que les impide reconocer la realidad y reaccionar a tiempo ante los problemas reales. Ya no se percibe la verdad; se parte de la imaginación que uno construye desde el confort del poder», lamentó Duarte Frutos, denunciando que las decisiones del equipo económico han provocado «tremendos daños a muchos sectores del país».
La réplica
Peña defiende la institucionalidad y denuncia una "guerra comercial" entre bancos. Ante la gravedad del embate nicanorista, el presidente Santiago Peña salió al cruce de las acusaciones para defender la integridad de la banca matriz y el blindaje normativo de la supervisión estatal. Peña ha rechazado categóricamente la idea de que la presencia de exgerentes bancarios vincule irregularidades operativas y lamentó lo que considera una «politización dañina» de las funciones técnicas del regulador.
Según la postura oficial del Ejecutivo, las filtraciones de informes internos de la Superintendencia de Bancos y las posteriores críticas de sectores partidarios no responden a un genuino afán de transparencia, sino a estrategias de corporaciones mediáticas y competidores comerciales rezagados que buscan golpear la reputación de los nuevos actores bancarios del mercado. Peña enfatizó que los sumarios iniciados por el BCP forman parte de la operatoria habitual y preventiva de fiscalización que ratifica, lejos de debilitar, la total independencia de la Superintendencia respecto al poder político de turno.
El mandatario recalcó que socavar la credibilidad del BCP de manera injustificada pone en riesgo la confianza de los ahorristas locales y de los inversores internacionales que acaban de validar la estabilidad paraguaya a través del grado de inversión.
El veredicto técnico
Analistas económicos independientes y legisladores de la oposición coinciden en que el fenómeno de las «puertas giratorias» en Paraguay ha rebasado los límites tolerables de la gobernanza pública, instalando una crisis de legitimidad sin precedentes en la banca matriz. Los expertos desglosan el impacto de esta práctica en tres frentes críticos:
Politólogos y economistas advierten que, cuando un regulador de alto rango proviene directamente de una firma comercial, existe un riesgo sistémico de «captura del regulador». La entidad de origen puede beneficiarse indirectamente de plazos preferenciales, flexibilizaciones técnicas o aprobaciones expeditas de fusiones estratégicas, distorsionando la libre competencia en el sector financiero.





