El 23 de septiembre de 2024, Hugo sufrió un “descuereo” inhumano durante su formación, un hecho que tuvo consecuencias devastadoras sobre su salud y lo llevó a quedar en estado vegetativo.

Desde aquel día, su vida y la de toda su familia cambiaron completamente.

Su estado nunca volvió a mejorar. Hasta el día de hoy, Hugo permanece postrado en una cama, dependiendo completamente de otras personas para continuar viviendo, mientras su familia enfrenta día tras día una situación dolorosa, difícil y llena de incertidumbre.

Pero hay algo que duele todavía más: sentir que Hugo ha sido olvidado.

Olvidado por quienes tenían la responsabilidad de protegerlo.

Olvidado por las autoridades.

Olvidado por una institución a la que entregó sus sueños y su juventud.

Hugo no es un número, ni un expediente, ni un caso más.

Hugo es un hijo. Es un hermano. Es un joven que tenía sueños. Es una vida que merece respeto, dignidad y justicia.

Su familia no pide privilegios. Pide respuestas. Pide que se investigue lo ocurrido. Pide que quienes tengan responsabilidad respondan por sus actos. Y, sobre todo, pide que Hugo no sea abandonado a su suerte.

Hoy, mientras Hugo continúa luchando desde una cama, su familia continúa luchando por él.

No permitamos que el silencio haga que este caso sea olvidado.

Que se conozca su historia.

Que se escuche a su familia.

Que se haga justicia.

Y que Hugo Daniel Domínguez Zaracho vuelva a ser visto como lo que realmente es: un ser humano cuya vida merece dignidad, atención y respeto.

Hugo no debe ser olvidado.

Hugo necesita justicia.