Inicialmente ambos montaron (en Pedro Juan Caballero) una bodega bien surtida de bebidas alcohólicas, pero con el anexo de que vendían moñitos de crack, cocaína y marihuana, a una “selecta” clientela que iba en aumento.
Cuando los antidrogas hicieron un allanamiento, hallaron algunas evidencias de la mercadería, pero el matrimonio había montado el negocio para que, si ello sucediera, la responsabilidad recayera en la hija menor de ambos, Liz Natalia, quien tras ser detenida, al poco tiempo quedó en libertad, porque no se comprobó su implicancia en el ilícito.
Fue así que transcurrido un tiempo, la pareja volvió a abrir el negocio clausurado, pero esta vez con una sucursal muy cerca del central. En este atendía Nélida Pastora y en la filial Felipe Nery. En ambos negocios, volvieron a vender estupefacientes. La Senad volvió a intervenirlos y en el nuevo allanamiento requisaron un kilo de cocaína de alta pureza, y miles de moñitos de crack listos para la venta al menudeo.
Otro detalle llamativo fue el lenguaje que establecieron para vender el producto, sin llamar la atención. A determinada marca de cerveza en latas, correspondía una “merca”, de manera que cuando un cliente pedía (para delivery ) x cantidd de “cerveza”, era en realidad X cantidad de droga.
Además de las sustancias ilícitas fueron decomisadas varios millones de billetes de guaranies y Reales, fruto presunto de la venta de las drogas.




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