Más allá de las causales —justificadas— de expulsión, y de la total falta de idoneidad de este nefasto personaje que llegó al Senado por Cruzada Nacional, es evidente que Honor Colorado no le suelta la mano a alguien por principios morales, ni porque de repente sus senadores hayan decidido hacer lo correcto. Bajo esa lógica, Erico Galeano —directamente vinculado al narcotráfico— no habría sido defendido a capa y espada por el cartismo, que optó por blindarlo con pedidos de permiso antes que avanzar en su expulsión.
La realidad es más simple: en su proceso de acumulación de poder, el cartismo ya no necesita a Chaqueñito. No tiene estructura, no tiene respaldo popular. Su único activo era un voto en el Senado, y hoy ese voto es prescindible. Su “alquiler”, entonces, dejó de ser útil y pasó a ser incómodo. Pero este no es un caso aislado ni la primera vez que sucede. Existen varios casos similares: figuras opositoras que el cartismo coopta con promesas, protección o favores, y a las que luego les suelta la mano cuando dejan de servir.
El reciente caso de Yami Nal es otro ejemplo claro. Fue funcional al cartismo en los inicios de este gobierno y, ante la primera situación de conflicto, la expulsaron sin dudar.
Enzo Cardozo es un caso aún más elocuente: se alineó políticamente durante todo su periodo en el Senado esperando respaldo frente a sus procesos judiciales, pero eso no impidió que terminara condenado. Porque en esa lógica, la lealtad no existe. Pero hay algo aún más profundo en estos casos:
venderse a la mafia jamás garantiza protección, ni impunidad, ni futuro político. A lo sumo, compra tiempo. Alarga la agonía.
Quienes se entregan esperando resguardo, lo único que obtienen es servidumbre: pasan de representar a sus votantes a convertirse en piezas descartables de un engranaje que no les pertenece. Y cuando ese engranaje ya no los necesita, no duda en soltarlos.
El cartismo no es más que una máquina de acumulación de poder. Defiende intereses, no personas. Su presencia en la política nacional no solo es nociva porque vacía la política de contenido, sino también de principios y valores.
Que no nos vendan el cuento.
Roma no paga traidores.



COMENTARIOS