Por la mañana, en las catedrales diocesanas, se celebra la Misa Crismal, presidida por el obispo. En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos que se usarán durante el año en los sacramentos. Además, los sacerdotes renuevan sus promesas de servicio y fidelidad ante su obispo, reafirmando su compromiso con la comunidad.

Por la tarde o noche llega el momento central: la Misa de la Cena del Señor. Esta liturgia revive cómo Jesús transformó la Pascua judía al entregar su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino, anticipando su sacrificio en la Cruz y dejando a la Iglesia el don de la Eucaristía.

Uno de los gestos más conmovedores es el lavatorio de pies. El sacerdote, imitando a Cristo, lava los pies de doce personas de la asamblea, recordando que el verdadero amor se expresa en el servicio humilde y desinteresado, tal como Jesús enseñó: “Os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho”.

Este día subraya el valor del servicio y la entrega total, invitando a los fieles a vivir su fe con mayor intensidad y compromiso fraterno.

El Jueves Santo abre las puertas al misterio pascual más profundo. Una jornada para agradecer el don de la Eucaristía, renovar el llamado al servicio y prepararse espiritualmente para los días santos que siguen.